Haití: Importancia de un Twitazo en un momento histórico

Por Henry Boisrolin.

La decisión del Frente Comunicacional Antiimperialista de Nuestramérica de organizar un Gran Twitazo el miércoles 30 de noviembre, es una muestra cabal de solidaridad para con los 19 periodistas haitianos asesinados en Haití en lo que va de este año 2022, y, al mismo tiempo, para con la lucha del pueblo haitiano. Se trata de una decisión política correcta, si tenemos en cuenta la convulsa situación sociopolítica que prevalece en este país y sus causas. 

Haití está atravesando la crisis más grave de las últimas tres décadas. Es multidimensional, y su profundización se manifiesta de manera más clara desde la llegada a la dirección del país del PHTK (Partido Haitiano de las Cabezas Rapadas). Este partido de extrema derecha llegó a ocupar dicha posición gracias, fundamentalmente, al apoyo del imperialismo norteamericano, mediante elecciones fraudulentas y una muy escasa participación popular. Esto ocurrió tanto en las elecciones de 2010-2011 donde salió “ganador” Michel Joseph Martelly como las de 2015-2016 dando “vencedor” a Jovenel Moïse. Éste fue consagrado oficialmente electo con menos de 600 mil votos sobre un padrón electoral de 6.200.000. Todas esas elecciones fueron rechazadas y contestadas mediante impresionantes movilizaciones populares. No podría ser de otro modo, ya que el PHTK ha sido denominado por el propio Martelly como grupo de “bandidos legales”. Una confesión elocuente si consideramos cómo esa gente hizo de la corrupción el principal eje de la administración del Estado. El robo de los fondos de Petro Caribe, alrededor de 4 mil millones de dólares, sobre todo durante el gobierno de Martelly, es la prueba más evidente de aquella declaración que el mismo hiciera. Y si tenemos también en cuenta que durante todos estos años las violaciones permanentes de la Constitución, las masacres en barrios populares, los asesinatos de estudiantes, militantes, profesionales, la imposición de medidas neoliberales bajo órdenes directas de las entidades financieras, tales como el FMI, resulta claro porqué la crisis alcanzó niveles jamás conocidos en todos los planos. Hoy, por ejemplo, en Haití el 70% de su población activa no tiene empleo, hay casi 5 millones de personas sobre una población de más de 11 millones que padecen de hambruna severa.

Es en este marco, que las insurrecciones populares se desarrollaron cada vez con más virulencia. El estallido popular de los días 6, 7 y 8 de julio de 2018 en contra del aumento de los precios de los combustibles decretado por el gobierno de Jovenel Moïse siguiendo una orden del FMI, puede ser considerado como el punto de partida de toda una serie de rebeliones populares. Éstas alcanzaron niveles de combatividad y masividad de tal magnitud, que el país estuvo bloqueado durante varios meses con movilizaciones callejeras, huelgas, barricadas, etc. Y esto, a pesar de las fuertes represiones en contra de los luchadores y las luchadoras ejercidas por la Policía Nacional de Haití (PNH).

El régimen empezó a tambalear y entró en pánico. Entre 2018 y 2019, bajo el gobierno de Moïse se cometieron 13 masacres en barrios populares. Las divisiones, las amenazas, las confrontaciones en el seno del PHTK, eran cada día más visibles.

El presidente fue contestado y rechazado diariamente. Decretó el 13 de enero de 2020 la caducidad del Parlamento, dejando sólo a 10 senadores. Éstos, sin quórum, no podían funcionar. Moïse dirigía sólo mediante decretos. No organizó, al igual que su predecesor, ninguna elección. Así, su mandato que tenía que finalizar en febrero de 2021, mediante una interpretación maliciosa de la Constitución, decidió arbitrariamente que tendría que ser en febrero de 2022. Fue en este contexto de crisis generalizada que ocurrió el asesinato de Jovenel Moïse en la madrugada del 7 de julio de 2021. Este asesinato, por su instrumentación, no deja duda alguna que Moïse fue entregado por miembros de su propia seguridad. Sin provisión legal para instalar a su sucesor, la Sra. Helen La Lime, la jefa de la Oficina Integral de las Naciones Unidas en Haití (BINUH) a través de un twit impuso a Ariel Henry en el puesto de primer ministro. Si bien Henry fue designado por Moïse, pero al no prestar la juramentación exigida por la Constitución, él no puede ocupar tal cargo. Por ende, Ariel Henry es ilegal e ilegítimo. Tal decisión fue respaldada por el Core Group, este cartel de mafiosos, integrado por los embajadores de EE.UU., Francia, Canadá, Alemania, España, Brasil y los representantes del Secretario General de La ONU, de la OEA y de la UE. El Core Group es el verdadero poder en Haití, demostrando todos los días que este país es una perfecta neocolonia de los EE.UU. Una realidad construida desde la primera ocupación militar estadounidense (1915-1934). Es en este escenario de caos generalizado, que las bandas armadas se transformaron mucho más que antes en los principales instrumentos de terror. El secuestro se transformó en una suerte de industria, la más próspera del país. Los asesinatos se multiplicaron, y la capital, Puerto Príncipe, fue -y es- sitiada por esos criminales.

Cabe recalcar que las armas sofisticadas con sus respectivas municiones que utilizan los bandidos provienen de los EEUU. La Sra. La Lime saludó la federación de 9 bandas como si fuera algo positivo para Haití. Pues según su peculiar análisis, en vez de hablar con 4 ó 5 grupos armados, siempre es mejor hacerlo con uno solo. Obviamente, se trata de una operación que apunta a doblegar al movimiento popular.

Hasta ahora, esta nueva etapa en la estrategia de mantener la dominación neocolonial se enfrenta a una nueva insurrección popular. Esta vez resulta evidente que los de abajo no quieren seguir viviendo como antes y los de arriba no pueden seguir dirigiendo como antes. Conscientes de esta situación, las principales potencias imperialistas con EEUU a la cabeza amenazan al pueblo haitiano con el envío de otra fuerza militar multinacional para ocupar el país. Tal como ocurrió entre 2004 y 2017 con la cruel y nefasta Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH). Entre tanto, están tomando medidas en contra de algunos funcionarios, hombres de negocios y políticos, que estuvieron siempre al servicio de los intereses del imperialismo. Son acusados de ser los únicos responsables de tráficos de armas, de drogas, etc., y que financian a las bandas. Una forma de despegarse de manera sutil, y presentarse como los salvadores del pueblo.

Pero tales maniobras no son capaces, por lo menos hasta ahora, de hacer callar la voz de la calle. El pueblo haitiano sigue apostando a una solución haitiana a la crisis haitiana sin injerencia extranjera. Esto es así, ya que pelea por recuperar su soberanía, su derecho a la autodeterminación. Pasos imprescindibles para destruir el sistema neocolonial y realizar una segunda y definitiva independencia.

Tomado de Resumen Latinoamericano Argentina.

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