Los fondos buitres: Una agresión más contra Cuba (IV)

Por José Luis Méndez Méndez (*) / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Los fondos buitre,  encausan su voraz apetito no solo contra reservas, lo hacen contra cualquier bien del país sentenciado, pretendieron embargar una mansión argentina en Washington donde vivió el autor de dos libros emblemáticos
Es uno de los beneficiarios de sentencias a su favor en los Estados Unidos pero busca cobrar con un edificio abandonado del Estado Nacional en Nueva York. El célebre pasado literario de la casa en la que se alojó Roald Dahl, autor de Matilda y Charlie y la fábrica de Chocolate. El fondo de inversión Bainbridge, un acreedor de bonos en default y que tiene fallos a su favor en las sentencias contra la República Argentina, busca embargar un lujoso edificio en desuso en Washington DC con una rica historia literaria. Otros fondos se sumarían al intento de embargo de activos.

El reclamo es del Bainbridge Fund es por un monto de 93 millones de dólares. A este fondo buitre se suman el de Attestor Master Value por 68 millones de la misma moneda; Trinity Investments por 163,4 millones; Titan Corsortium con 325 millones. El minorista Beltramo cobró hace un mes 2 millones de dólares.

El fondo mencionado insiste con embargar inmueble del Estado abandonado en Washington”, detalló el especialista en deuda soberana y latinoamericana, titular de Latam Advisors, el referido Sebastián Maril.

La mansión de estilo parisino en Kalorama Heights tiene una fachada de piedra blanca y salones amplios, con techos ultra-altos, ventanas palladianas, chimeneas y pisos de madera, con un ascensor y garaje para dos autos. El mercado inmobiliario la describe como un edificio cinco estrellas que necesita un cuidado amoroso y tierno.

Bajo la gestión argentina, el edificio fue la residencia del attaché militar en Washington. Pero antes la mansión terminada en 1911 estuvo del editor de diarios Charles Edward Marsh, quien vivió allí alrededor de 1940. Estuvo a cargo de una serie de periódicos en Texas y también fue editor de The Post.

En ese período, el escritor y espía británico Roald Dahl se hospedó varias veces en la mansión. Dahl fue el reconocido autor de libros infantiles como Matilda, Charlie y la fábrica de Chocolate y James y el durazno gigante.

La propiedad está ubicada a cinco cuadras de la embajada argentina en Dupont Circle y está valuada en alrededor de 3,5 millones de dólares en el mercado aunque no está en venta. Lo estuvo, sin embargo, en un breve período de tres meses en 2018, por un precio mucho más bajo de lo que marca hoy el mercado, puesta en venta por apenas 2,5 millones con la aclaración de que necesita costosas restauraciones.

El caso cubano tiene peculiaridades particulares y el juicio celebrado en Londres, pendiente de decisión a ese nivel, oculta finalidades políticas que persiguen objetivos contra el Estado cubano y su estabilidad.

El juicio de la demanda por impago del fondo inversor CRF I al Banco Nacional de Cuba (BNC) y a la República de Cuba por 72 millones de euros (78 millones de dólares) de deuda pública quedó visto para sentencia.

En apariencias el proceso ante la división comercial del Tribunal Superior de Justicia de Londres busca establecer si CRF es un acreedor legítimo de Cuba -si tiene derecho a reclamar el pago de deuda soberana a La Habana- y si esta corte tiene jurisdicción sobre esta cuestión. Ese es el límite de lo valorado en esa instancia. Por lo general estos litigios son costosos y los asumen oficinas de abogados llamados litigantes, que asumen los gastos a riesgo de un resultado favorable que resarza la inversión y deje ganancias, se hace por un porcentaje del probable resultado final, pude ser un 20 hasta un 40 %. El trasladarse hasta la sede del litigio, permanecer ahí por varias semanas, cubrir gastos de alojamiento, alimentación, transporte, papelería y otros encarece el proceso en una economía lesionada. Los emolumentos de los abogados expertos son elevados, por el simple acto de valorar el expediente, se pueden exigir elevadas sumas.

Tras el fin de la parte pública pasarán semanas, incluso meses, hasta que el tribunal dicte sentencia. La corte no tiene por qué publicarla y su difusión puede depender de las partes. Además, el fallo no será firme, con lo que podría ser apelado, prolongando el proceso.

En cuanto al fondo de la cuestión, los expertos coinciden en señalar la trascendencia del fallo para Cuba, que atraviesa una muy delicada situación financiera tras más de dos años de grave crisis económica.

La demanda la interpuso el fondo de capital riego CRF I, fundado en 2009 y con sede en las islas Caimán, un paraíso fiscal. Según distintas fuentes, es el mayor tenedor de deuda soberana de Cuba y acumula bonos por 1.200 millones de euros (1.300 millones de dólares).

El BNC es un banco estatal cubano con atribuciones comerciales, pero que hasta 1997 ejercía también de banco central. En ese año, el Gobierno cubano creó el Banco Central de Cuba (BCC) y limitó las funciones del BNC a las comerciales. Sin embargo, siguió responsabilizándose del registro, control y servicio de la deuda que había colocado. Esto significa que quien respondería en primer lugar ante la deuda sería el BNC.

Por eso CRF I demandó también a la República de Cuba. En caso de que gane el juicio, también podrá reclamar al Estado cubano la satisfacción de la deuda con sus fondos y activos.

La deuda se originó a raíz de dos créditos que Cuba cerró en 1984 con sendos bancos europeos, el francés Crédit Lyonnais y el italiano L’Istituto Bancario Italiano, con el BNC como garante. Tres años después, el entonces presidente cubano, el mandatario Fidel Castro Ruz, declaró “impagable” la deuda de su país -y en general la de todas las ex colonias- y la Isla dejó de cumplir con sus acreedores.

En 2006, Cuba trató de volver a abrir la puerta de los mercados financieros internacionales como parte de las reformas económicas que puso en marcha y renegoció su deuda con el Club de París (donde están las principales naciones acreedoras) en 2015 y de nuevo en 2021. También con Rusia, que le condonó gran parte de los créditos otorgados durante la época soviética y le mejoró de nuevo las condiciones en 2022.

Pero La Habana no negoció con el Club de Londres (donde se agrupan los acreedores privados). CFR I asegura que contactó a Cuba en varias ocasiones para alcanzar un acuerdo, pero que en siete años no obtuvo respuesta. En febrero de 2020 presentó la demanda que desembocó en este proceso actual.

Cuba ha reiterado que CFR I no es un acreedor legítimo. Su argumento tiene tres líneas fundamentales: Que el fondo se hizo con esta deuda de forma ilegal, sobornando a un empleado del BNC. Sobre esto, el propio ex trabajador, condenado por cohecho, ha testificado desde una prisión de la Isla.

Además, que para la adquisición de esta deuda no se cumplieron los procedimientos: ni obtuvo las dos firmas pertinentes ni recibió autorización gubernamental. Se suma, que es un “fondo buitre” que sólo busca el litigio y no actúa como acreedor “responsable“.

Por su parte el CFR I, que niega ser un “fondo buitre“, asegura que no sobornó a ningún empleado y ha puesto en duda la veracidad del testimonio del funcionario en prisión, alegando que podría haber sido presionado por el Gobierno insular. Afirma además que adquirió la deuda de forma correcta y es, por tanto, un acreedor legítimo. Existe una crisis de confianza a resolver.

La corte tiene que decidir si CFR I es legítimo acreedor y, más importante aún, si tiene jurisdicción sobre esta cuestión. Sobre el primer punto, podría decidir en uno u otro sentido, y eso repercutiría principalmente en CFR I. Es decir: si puede reclamar o no esa deuda.

Pero lo fundamental es, como explicó a EFE el abogado estadounidense de origen cubano Luis Carlos Battista, si la corte “decide que hay jurisdicción”, podrían llegar nuevas demandas de distintos acreedores. Hay miles de millones de dólares en juego. No es con exactitud así, en este caso es determinar si es un acreedor legítimo o no, cada demanda tendría que ser valorada de manera individual, no es una cascada derivada de lo que se espera.

Reclamarían a La Habana la deuda e, incluso, tratarían de satisfacerla con activos estatales en el extranjero, donde Cuba cuenta con una red de compañías, incluso bancos.

Para esto sería preciso no solo otros juicios, en el que los acreedores -sobre quienes recaería la carga de la pruebas. Continuará…

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Imagen de portada: Razones de Cuba.

Otros artículos del autor

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: