Internacionales

Colombia: Gustavo Petro, el primer presidente de izquierdas tras 200 años de gobiernos de derechas

Entrevista a Hernando Calvo Ospina

Por Marleen Bosmans / Marc Vandepitte.

La elección de Gustavo Petro el año pasado como nuevo presidente de Colombia llenó de esperanza a muchos. DeWereldMorgen habló con Hernando Calvo Ospina sobre las negociaciones de paz, los planes de reforma y el posicionamiento de Colombia en el mundo.

– DeWereldMorgen: ¿Cómo se explica que Gustavo Petro, un político de izquierdas en un país como Colombia, gobernado por la derecha desde hace más de 200 años, fuera elegido presidente el año pasado?

– Hernando Calvo Ospina: La victoria electoral de Petro no fue un hecho aislado ni de él solo, ni de su organización política, sino el resultado de varios procesos, siendo el principal las fuertes y multitudinarias manifestaciones populares en varias ciudades del país, ocurridas en los tres años anteriores a las elecciones. Ese tipo de protestas no sucedían en Colombia desde 1971, siendo la pobreza y la marginalidad social quienes espontáneamente las crearon. Lastimosamente, sin dirección política.

Colombia es un país de grandes ciudades y estas movilizaciones despertaron a la mayoría de los colombianos, incluida una parte de la clase media. Antes, la lucha estaba en el campo liderada por la guerrilla.

Sin esas protestas en las ciudades, Petro nunca habría llegado a la presidencia. Por eso también es difícil para algunos de nosotros entender por qué todavía existen más de 100 jóvenes en las cárceles. La mayoría de ellos torturados.

DWM: Gustavo Petro está firmemente comprometido con la “paz total” en Colombia. ¿Qué implica eso exactamente?

HCO. Hagamos un poquito de historia. Las guerrillas en Colombia surgieron a principios de los años 60 con reivindicaciones de paz, tierra, educación y salud. Aunque los enfrentamientos políticos armados se remontan a los años cuarenta. De hecho: desde que Colombia se convirtió en república, el país no ha conocido un solo día de paz. Increíble, no?

Hoy, las condiciones objetivas que originaron ese movimiento armado son más graves: la pobreza y la marginalización social toca al 60% de la población. Y la represión política contra la oposición es peor.

Entonces no se puede esperar que un lastre de 70 años, para no extenderlo más, se acabe con las buenas intenciones de un presidente. Petro apenas está tratando de arañar a un sistema represivo y oligárquico, que tiene 200 años estructurando todo para que todo siga intacto, a su gusto y beneficio.

Pero a pesar de ello, las condiciones sociales, políticas y económicas y la represión para la mayoría de la población son tan graves que los arañazos que ha hecho Petro pueden considerarse inmensos.

Por eso creo que la “paz total” que ofrece Petro es un bello sueño. Del cual no se puede perder la esperanza de vivirlo algún día.

A menos que uno limite la «paz total» a un acuerdo con las guerrillas, al silencio de esas armas. Pero ese tipo de ‘silencio’ no sería aún la paz mientras no haya paz con progreso social. Eso ya se ha comprobado con las desmovilizaciones de varias organizaciones guerrilleras, incluida la misma donde militó el presidente Petro, el M-19: nada cambió, todo siguió empeorando. Y ni qué decir de lo nada avanzado, social ni económicamente, con la rendición de buena parte de las FARC.

DWM: ¿Cómo valora las posibilidades de que el proyecto de paz se haga realidad en un futuro no muy lejano?

HCO: Los cimientos del estado colombiano no se los van a dejar tocar al presidente Petro, quien, además, así lo dejaran, no va a tener ni tiempo.

Y aquí es bueno recordar que un presidente no llega al poder sino al gobierno. Y que un presidente es como el gerente de una empresa, sin ser el accionista mayor.

Eso sí, casi repitiendo: que una parte importante de colombianos lo haya llevado a la presidencia, le ha producido un remezón a ese anquilosado, hambreador y asesino sistema.

Y eso de “paz total”, teniendo a una oligarquía narco-paramilitar y defendida por unas fuerzas militares educadas desde los años sesenta bajo la Doctrina de la Seguridad Nacional, o sea preparadas ideológicamente para reprimir al enemigo interno, o sea al pueblo… No es para nada fácil. Esa plaga mental no se quita con leyes de un Congreso y menos con órdenes de un presidente. Ni tan siquiera destituyendo a todo el mando: Esa Doctrina y el matrimonio con el narcoparamilitares hacen parte de los genes del Estado y sus Fuerzas Armadas.

Para que ello suceda hay que empezar hoy, ya mismo, y por algo imposible en Colombia: que los Estados Unidos dejen de adiestrar y dirigir a las Fuerzas Armadas colombianas.

Para no decir que Washington, por intermedio de la embajada de Estados Unidos y el Comando Sur, tendrían que dejar, hoy mismo, de dirigir los asuntos estratégicos colombianos. Pues así Petro sea el presidente, esa es la realidad hoy. Y lo será mañana y pasado…

Ningún otro Estado en América Latina ha sido tan represivo y sanguinario como el colombiano. Pinochet y los dictadores argentinos fueron aprendices al lado de esta «democrácia».

Pero algún rasguño podrá lograr Petro. Y eso traerá beneficio inmediato a un sector de la población. Y aunque eso no removerá las estructuras de ese Estado, sí sirve en el estado actual de miseria y violencia en que ha vivido ese país, tan inmensa rico en recursos estratégicos.

DWM: En febrero de este año, Gustavo Petro lanzó su “Plan Colombia, potencia mundial de vida”. En su opinión, ¿cuáles son los puntos fuertes de este plan frente a los programas de desarrollo de gobiernos anteriores?

HCO: Son buenas intenciones que se deben apoyar, así uno sepa que para desarrollar el « Plan » tiene que pasar por encima de esa oligarquía-Estado asesina y hambrienta. Y ya dije que no lo van a dejar.

Claro, si por una vez esa oligarquía entiende que los mínimos cambios que propone Petro podrían cambiar la terrible imagen del país en lo internacional y que les serviría para los negocios, se podría avanzar algo.

Y es que Petro solo propone modernizar ese aparato estatal anquilosado, cuya economía apenas funciona porque está muy dirigida a la acumulación de tierras baldías. Y en esto buena parte de la oligarquía colombiana, en particular la que nació con el narcotráfico, sigue teniendo la mentalidad que dejó la España colonial: el poder está en poseer tierras, vacas y caballos, sin preocuparse de la tecnología. No aprenden que por eso España y Portugal quedaron atrasadas respecto a la mayoría de naciones europeas, a pesar de haber robado tanto y tanto a sus colonias. Mientras Inglaterra, Holanda, Alemania y Francia, principalmente, aprovecharon el dinero que le quitaban sus bancos a España y Portugal para adelantar la “revolución industrial”.

Entonces, si esa naco-oligarquía latifundista entendiera que Petro lo quiere es modernizar a ese aparato estatal, para volverlo más competitivo a nivel mundial y aumentar la repartición de las ganancias en lo social y económico para las mayorías, Colombia podría empezar a ser una “potencia mundial de vida”.

En Colombia no son los fusiles los que más matan: es el hambre.

Ah, y Petro nunca ha mencionado que quiere tocar las bases estructurales de ese Estado. El es un liberal tipo español. Y aún así, para la terrible situación colombiana ha llegado casi a ser comunista con los arañacitos que le ha permitido hasta ahora hacer ese narco-Estado.

¿Y los planes de desarrollo de los anteriores gobiernos? ¿Me preguntan por esos que sirvieron para robar al Estado y repartirlo entre los gringos, amigos y amantes? ¿O por los planes para aumentar la represión?

DWM: Desde que asumió su mandato como presidente, Gustavo Petro tomó iniciativas para romper el aislamiento internacional de Venezuela. Se sabe que este aislamiento es parte de la estrategia de EEUU para apropiarse de su petróleo, y cuenta con el apoyo de la UE. Cómo evalúa el posicionamiento de Petro al respecto?

HCO: Ante todo hay que dejar en claro esto: EEUU impuso al gobierno colombiano las negociaciones con las FARC, con el fin único de desarmarlas. Y ellos dirigieron esas negociaciones desde bambalinas. Pero esto nada tenía que ver con la paz en Colombia, pues como ya lo expresé, la paz no se consigue en Colombia con solo silenciar fusiles.

EEUU tenía dos intereses muy importantes en esa negociación: UNO, que si realizaba una invasión a Venezuela desde Colombia, las FARC no resultaran un problema en esa frontera. Pues erá lógico, y así lo habían expresado sus comandantes, las FARC combatirían a las tropas invasoras del pueblo hermano, fueran gringas, de la OTAN o colombianas.

DOS, que sus empresas lograran entrar a los territorios que controlaban las FARC, pues hasta ese momento solo podían hacerlo empresas de otros países, principalmente chinas. Y aquí debo aclarar que ni los chinos, ni rusos, ni iraníes han enviado tropas o asesores para ayudar a reprimir y asesinar a los colombianos: históricamente son los estadounidenses. Por eso sus empresas han sido parte de los objetivos militares de las guerrillas.

Colombia, con los anteriores gobiernos, estaba sirviendo como cabeza de playa para invadir a Venezuela. Faltó muy poco para que se lograra. La unidad cívico-militar en Venezuela los contuvo. Pero Estados Unidos no ha cambiado su interés de desestabilizar al gobierno bolivariano para apoderarse de las inmensas riquezas que posee, y que casi ningún otro país en el mundo tiene. Ni Colombia.

Lo que ha logrado Petro es detener el impulso que llevaba Washington de agresión. Petro y una parte de la oligarquía colombiana saben que una invasión a Venezuela sería una guerra convencional que se devolvería a su propio territorio. Y las tropas colombianas son, desgraciadamente, excelentes en guerra irregular, de combate a las guerrillas y represión al pueblo, como muy pocas en el mundo, pero limitadas hasta en armamento para combatir a un enemigo externo.

Además, Colombia estaba perdiendo miles de millones de dólares en el comercio por esa agresión a Venezuela, pues hasta la frontera estuvo cerrada. Petro en esto ha sido pragmático.

Y no olvidemos que en Venezuela viven más de 3 millones de colombianos, sin contar con los hijos y nietos de esos colombianos que nacieron ahí, porque esa migración empezó desde los años 50 del siglo pasado, debido principalmente a la violencia estatal y la pobreza en Colombia. Una realidad que casi nadie conoce. O no se quiere conocer.

Si EEUU no ha presionado, hasta el momento, a Petro para que se reanude la agresión a Venezuela, ni para que se dispongan acciones paramilitares desde Colombia, es porque tiene sus motivos. O porque comprobó que una invasión a la tierra de Bolívar le puede resultar muy cara por las reacciones en el continente y tan cerca de sus fronteras.

Pero cuando Washington quiera se lo exige a Petro. Y lo hace o lo tumban. O lo matan, que es lo más simple que hay en Colombia.

Texto original: «Colombia : Gustavo Petro, de eerste linkse president na 200 jaar van rechtse regeringen». www.dewereldmorgen.be

Foto de portada: Flickr / CC BY-NC 2.0

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