Los terroristas de Miami y el golpe fascista en Chile (II)

Por José Luis Méndez Méndez / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano

El 11 de septiembre de 1974, en homenaje al primer aniversario del brutal golpe de Estado fascista en Chile, el Movimiento Nacionalista Cubano (MNC), crea la banda letal Omega-7, la cual desde esa fecha y hasta 1983, en cada año de ese deplorable suceso, cometió decenas de actos de terror, algunos al servicio de sus patrocinadores chilenos.

Mientras, febrero de 1974 Bosch es acogido y protegido por el criminal Luis Posada Carriles y otros cubanos agentes de la CIA, en territorio venezolano a condición de que no realizara actos terroristas en territorio nacional. Estos mercenarios fueron enviados a perfeccionar la represión en ese país.

En ese año, se habían restablecido las relaciones bilaterales entre Venezuela y Cuba, pero el terrorista, ante este hecho ordena detonar bombas en Caracas, por ese motivo es detenido, acusado de instigar esas acciones.

El gobierno venezolano dispone su deportación a Estados Unidos, por ser prófugo de su justicia, pero ese país no lo acepta, lo prefiere afuera inmerso en sus ataques contra Cuba. Bosch es liberado, viaja a Curazao y de ahí a Chile, adonde arriba el 3 de diciembre de 1974.

El testimonio del terrorista Duney Pérez Álamo, quien fue uno de los principales jefes de Acción Cubana, describe este proceso: “El contacto de Bosch con los chilenos se hace a través de los hermanos Novo Sampol del MNC, quienes junto con Bosch y el también miembro de esa organización, José Dionisio Suárez Esquivel viajan a Chile. Cuando Bosch sale de la cárcel en Estados Unidos, plantea pasar inmediatamente a la clandestinidad, decisión a la que inicialmente me opuse, porque en realidad él no estaba siendo perseguido. Empero, Bosch argumentó que hacerlo así tenía más impacto y en definitiva colaboré con su traslado a Puerto Rico y más tarde a Santo Domingo, posteriormente creo, que fue a Bahamas y de allí a Venezuela, en cuyo país tuvo la torpeza de actuar y lo deportaron, eligió irse a Chile. En todo ese tiempo la organización lo financió, le enviábamos 1 500 ó 2 000 dólares mensuales y él, por sus vías, se buscaba otra cantidad. Lo visité en Chile y me disgustó la forma como vivía, tenía un apartamento caro e incluso había contratado una criada que vivía en la casa, junto con la nueva pareja chilena Adriana Delgado Sepúlveda”.

Uno de los próximos pasos, que la CIA decidió dar junto con la Dirección Nacional de Inteligencia, (DINA) de Chile, fue seleccionar y trasladar a un grupo de connotados terroristas de Miami. Entre los escogidos, con amplia trayectoria criminal, estaban el citado Orlando Bosch Ávila, Guillermo Novo Sampoll, Virgilio Paz Romero, José Dionisio Suárez Esquivel, Alvin Ross Díaz y otros terroristas de larga data de acción y experiencia, los cuales salieron hacia Chile para recibir entrenamiento en el manejo de explosivos y en otras técnicas que les permitirían cumplir tareas de la Operación Cóndor, creada por ese servicio represivo a finales de 1975.

El comienzo de estas relaciones con los planes del militar chileno Manuel Contreras Sepúlveda data de las mencionadas visitas de Orlando Bosch a Santiago de Chile entre diciembre de 1974 y febrero de 1975, cuando el coronel Pedro Espinosa fue designado oficial de enlace entre la citada DINA y la contrarrevolución cubana.

Se negoció con el dictador Augusto Pinochet y Contreras el entrenamiento de miembros del MNC a cambio de apoyo a las operaciones encubiertas de la DINA en el extranjero. Bosch llegó a participar personalmente en operaciones de esta última con un pasaporte oficial chileno a nombre de Héctor Davanzo Cintolesi, se utilizaron los datos del capitán de fragata Davanzo Cintolesi, comandante del buque escuela chileno Esmeralda.

.El documento del FBI 185-419, fechado el 2 de mayo de 1975, certifica la presencia de Bosch y el viaje de Guillermo Novo a Chile. El motivo del viaje era entrevistarse con el mencionado terrorista y con miembros de la junta fascista chilena. El informe aseguraba que esa agencia le estaba dando seguimiento priorizado a los movimientos de Novo, debido a la activa participación de este y el MNC en actividades terroristas.

En febrero de 1975, Bosch, clandestino desde el verano anterior, fue presentado en la televisión de Miami, en una entrevista desde “algún lugar de Sudamérica”. La filmación en blanco y negro duró unos cinco minutos y técnicamente resultó ser una dudosa y poco confiable presentación.

Meses después, en octubre, tuvo lugar una reunión en las oficinas de la DINA en Santiago de Chile. Los asistentes fueron los jefes de las inteligencias militares de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Un representante especial de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos actuaba como “observador”.

El objetivo central de esta tenebrosa cita consistía en coordinar las actividades de espionaje y represión contra el movimiento revolucionario en el Cono Sur, así como enfrentar la influencia de Cuba en el hemisferio y apoyar internacionalmente a los terroristas de origen cubano en sus operaciones contra la Isla. De esta forma se encubría el accionar de la CIA, cuya autoridad y prestigio se encontraban muy afectados por el escándalo Watergate, en el cual participan agentes de esa agencia de origen cubano.

En unión de terroristas de Miami, el estadounidense Frank Sturgis, agente de la CIA, de largo historial en las operaciones encubiertas de esa agencia, participa en un asaltó la embajada de Chile en Washington, hecho ocurrido el 14 de mayo de 1972.

A finales de noviembre de 1975, Contreras recibió a Benito Guanes Serrano y al jefe de la policía paraguaya Francisco Brites. Juntos organizaron la Operación Cóndor. Auspiciada por Guanes Serrano y con la asistencia de oficiales argentinos y paraguayos, la Segunda Reunión Bilateral de Inteligencia ajustó los mecanismos de inteligencia y ejecución de las operaciones en las que participarían contrarrevolucionarios cubanos, gente decidida y con vasta experiencia en operaciones paramilitares, reclutados y entrenados por la CIA desde principios de la década del sesenta.

Varios grupos de terroristas anticubanos buscaron alianza con los fascistas chilenos, una vía para obtener recursos y medios para sus acciones, también la DINA explora e hizo contactos con grupos en Miami, como Alpha 66, el Frente de Liberación Nacional Cubano (FLNC), los Jóvenes de la Estrella y promueven el apoyo para la junta. Uno de los miembros de la DINA identificado fue Julio Solórzano Guicelure, quien decía ser su representante en Miami e hijo de un coronel y alto funcionario de esa agencia. Solórzano durante su estancia proselitista residió en la casa del terrorista Juan González, quien estaba al frente de la mencionada banda Jóvenes de la Estrella, ejecutora de peligrosos actos de terror en Estados Unidos.

La ayuda recabada no solo era política, como la creación de la llamada Unión de Juventudes Latinoamericanas Anticomunistas, sino operativa para que los terroristas participaran en eliminar a sus adversarios que en varios países de América Latina habían organizado movimientos de solidaridad antifascista.

El grupo terrorista de Ramiro de la Fe, fue de los primeros en querer acaparar la ayuda de los fascistas chilenos. Se autoerigió como enlace entre los contrarrevolucionarios y la junta chilena por medio del periodista Pedro Ernesto Díaz, quien lo conectó con chilenos residentes en Miami, opositores a la Unidad Popular y después del golpe con los diplomáticos de Chile en Miami.

El extremista De la Fe constituyó, la organización terrorista Joven Cuba, de terroristas anticubanos, que desde 1972 realizó atentados contra representaciones diplomáticas y comerciales de Cuba en el exterior, como la colocada en la Oficina Comercial de Cuba en Canadá y los intentos por volar la embajada cubana en París, Francia. Además, el llamado Comité Pro Chile, con el objetivo de hacer propaganda favorable a la junta fascista entre la colonia de inmigrantes latinoamericanos residentes en Estados Unidos. Los golpistas necesitaban reconocimiento internacional, para legitimar y poder ejercer el poder tomado por las armas.

En noviembre de 1973, visitó Miami el coronel chileno Eduardo Sepúlveda, allegado al dictador Augusto Pinochet y recién nombrado director de la televisión oficialista de Chile, quien ejercía, además, las funciones de asesor de relaciones públicas de los golpistas. En esa ocasión De la Fe se entrevistó con Sepúlveda, quien le solicitó que los contrarrevolucionarios cubanos ayudaran a los estadounidenses a entender los cambios políticos ocurridos después del golpe en Chile. La oposición al zarpazo castrense aumentaba en la opinión pública nacional, como consecuencia de los desmanes, crímenes cometidos incluso contra nacionales de Estados Unidos, en Chile.

El propagandista Sepúlveda añadió, que los militares tenían muchos enemigos, que estaban promoviendo acciones contra el régimen y la prolongación de la junta dependía de la legitimidad de sus actos a nivel internacional, a cambio el coronel le aseguraba que si se lograba su consolidación en el poder, ellos, los cubanos, podían confiar en que recibirían la ayuda militar necesaria, para combatir al comunismo en Cuba.

Además, el 23 de octubre de 1973, había solicitado al contrarrevolucionario cubano Manuel Manolo Reyes Xiqués, que desde su posición de comunicador tratara de influir en la opinión pública norteamericana para que tuviera mejor “comprensión del problema chileno”. Continuará…

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, “La Operación Cóndor contra Cuba” y “Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba”. Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Tomada de Cubadebate

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