Internacionales

Amor del bueno: qué más podemos hacer…

Por Deisy Francis Mexidor.

Tantas que no puedo recordarlo, así responde y sonríe Cheryl LaBash al preguntarle cuántas veces visitó Cuba. Ella es una entre los innumerables estadounidenses que piden el acercamiento de las dos orillas y que aman la energía, la resistencia y la hidalguía de un pueblo que ha logrado sobrevivir contra viento y marea.

Es como una hormiga laboriosa cuando se trata de Cuba. ¿Cómo es que Cheryl se las arregla para un día estar en Detroit, otro en Boston y al siguiente en Washington DC?

Y en ese ir y venir conduce su Toyota gris oscuro por carreteras, autopistas y calles con una placa singular: «Cuba Sí».

La idea, cuenta, fue de Lisa Valanti, fundadora de la Asociación de Ciudades Hermanas de Pittsburgh-Matanzas desde hace 30 años. Ella tiene la misma placa en su automóvil y «entonces me dije, por qué no. Su acción fue mi inspiración».

De manera que «tenemos el mío de Michigan y el de Lisa de Pensilvania. Eso significa que hay otras 48 oportunidades para que las personas demuestren su amor por Cuba de esta manera, con esta placa especial», subrayó, refiriéndose a la posibilidad en los 48 estados restantes.

Cheryl LaBash (izquierda) y Lisa Valanti, junto a sus carros con las placas «Cuba Sí», con los que circulan por Estados Unidos. Foto Cortesía de la entrevistada.

A veces le sorprende cuando otros conductores tocan la bocina a su paso, y afirma: «Evidentemente significa que hay un sentimiento por Cuba», e insiste en que «mi coche ha recorrido Estados Unidos de costa a costa e incluso por toda Florida».

Además de la matrícula, Cheryl lleva consigo una «gorra de béisbol de las grandes ligas con la «C» en el frente y una bandera cubana doblada en la cartera. Es una buena manera de asegurar también de que Cuba esté siempre».

Detalle de la chapa del carro.  Foto: Deisy Francis Mexidor

Un radio de onda corta

De hablar pausado y mirada noble, Cheryl es una mujer que abrazó en sentido general la lucha por la justicia y los derechos humanos hace mucho tiempo. Aunque siente que su corazón es joven, dice que ha «vivido varios años».

Fueron sus abuelos, inmigrantes de Europa del Este, quienes la criaron y forjaron su personalidad allá en Arizona, en un período que la sensibilizó sobre las luchas de los migrantes que vienen a Estados Unidos sin hablar inglés.

«Yo viví la etapa de la guerra de Vietnam, que abrió los ojos de una generación, como Palestina lo hace hoy ante una generación mucho más educada y avanzada, sobre que la guerra no es más que una política accidental».

Su esposo para entonces, un estudiante de posgrado en una universidad del Medio Oeste, estaba en peligro de ser reclutado y enviado a la guerra y «parte de nuestro activismo consistió en escuchar la programación en inglés de Radio Habana Cuba en una radio de onda corta para actualizarnos con noticias reales sobre Vietnam».

Desde esos años juveniles ha «participado en el activismo para poner fin a las muchas guerras injustas de Estados Unidos, en el extranjero y en casa».

«La brutalidad policial más dura contra los jóvenes negros y los inmigrantes del sur global, la militarización de la policía local, la represión de los derechos de los trabajadores y los pobres, el fin del racismo, la opresión de las mujeres y las personas LGBTQ2. Para mí, todo esto está conectado con el capitalismo y su etapa imperialista más alta», advirtió.

Hoy también a nosotros nos desafía la catástrofe climática y todo se ve en tiempo real, apuntó LaBash.

Para la copresidenta de la Red Nacional de Solidaridad con Cuba, que agrupa a más de 70 organizaciones en el país, es una pena que el Gobierno de Estados Unidos no esté en sintonía con lo que piden las numerosas «resoluciones para sacar a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo y poner fin al bloqueo».

Quienes vivimos aquí en Estados Unidos —argumenta— tenemos la gran responsabilidad de poner fin a la injusta guerra económica que nuestro país lleva a cabo contra Cuba, el Gobierno cubano y, en última instancia, el pueblo cubano.

«Cualquiera que sea el resultado de las elecciones de 2024, nuestra principal tarea es construir lazos de amistad con el pueblo cubano a través de viajes, proyectos de colaboración y concientización», consideró la activista.

Cree ella que, claramente, estos son tiempos peligrosos e inestables, con un genocidio desenfrenado en Gaza, el empobrecimiento de la clase trabajadora en beneficio de los ultrarricos del mundo y la amenaza de una tercera guerra mundial que se cierne sobre todos nosotros.

«El internacionalismo de Cuba es un maravilloso ejemplo de la declaración de José Martí de que Patria es humanidad y una alternativa al conflicto global que vemos hoy».

A primera vista

Cheryl LaBash ratifica que ama a Cuba porque «es un pequeño pero poderoso ejemplo de cómo la humanidad puede avanzar incluso cuando se enfrenta a un cruel y agresivo bloqueo económico, financiero, comercial y mediático. «Es una inspiración y una estrella del norte, que ahora se ha desplazado hacia el sur, de cómo los seres humanos pueden vivir con dignidad».

De aquella primera vez, en 1985, que viajó a la nación caribeña, como ocurre con los enamorados, ella quedó prendada de esa «Cuba indomable y rebelde». Era la celebración del Primero de Mayo y representaba a su sindicato en el Departamento de Salud de Detroit.

«El escándalo de la mortalidad infantil negra en Estados Unidos y en Detroit fue noticia en los medios de comunicación. En Cuba vi con mis propios ojos la atención y los recursos que se brindan a las mujeres embarazadas y los cuidados especiales que se proporcionan a todos los niños para que se desarrollen plenamente».

Mientras, lamenta que «la mortalidad infantil y materna de los negros sigue siendo vergonzosamente alta en Estados Unidos. Cuba muestra otro camino, y acabo de enterarme de que han ampliado la licencia de maternidad hasta los 15 meses. Esto es solo un sueño para la mayoría de los nuevos padres en  Estados Unidos».

Ese choque con la Isla en aquella década de 1980 le permitió ayudar a fundar una organización de solidaridad laboral para intercambiar con la Central de Trabajadores de Cuba.

«Organizamos dos delegaciones de trabajadores por año a principios de los 90. Ayudé a las primeras caravanas de Pastores por la Paz con el Reverendo Lucius Walker a través de ambas fronteras con México y Canadá. A menudo no voy, pero colaboro con los preparativos».

En 2009, un año después de jubilarse, volvió para el Primero de Mayo con una delegación del Sindicato Internacional de Estibadores y Almacenes.

Por la libertad de los cinco

Fue la lucha por la liberación de Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Antonio Guerrero, Fernando González y René González la que intensificó su compromiso con Cuba.

«El Comité Internacional por la Libertad de los Cinco Cubanos (en la actualidad Comité Internacional por la Paz, Justicia y Dignidad de los Pueblos), liderado por Graciela Ramírez en Cuba y la desaparecida Alicia Jrapko, en Estados Unidos, organizó proyectos creativos como la gira de La Colmenita», y confiesa que en esa etapa aprendió que «nunca se puede dejar de luchar». Y al echar atrás la memoria señala que «en unos meses se cumplirán diez años de aquel diciembre de 2014 que nos hizo llorar de alegría cuando el regreso de Gerardo, Ramón y Tony».

«Terminaba ese capítulo terrible. Los Cinco ya estarían en su país», por eso «soy feliz cuando veo ahora las fotos con sus familias, junto a su pueblo», añade Cheryl, quien afirma que el cierre de la presentación especial de La Colmenita en aquel 2011 es su motor impulsor.

Recuerdo que los niños «concluían la obra con el grito: “¡Ahora qué más podemos hacer!” y, ¿sabes?, ese es mi lema en este minuto y todos los días. ¿Qué más podemos hacer para sacar a Cuba de la lista SSOT (Estados Patrocinadores del Terrorismo)? ¿Qué más podemos hacer para poner fin al bloqueo y dejar vivir a Cuba?».

*Corresponsal de Prensa Latina en Estados Unidos.

Tomado de Juventud Rebelde.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *