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La dictadura imperial de Trump quiere adueñarse de Cuba

Por Hedelberto López Blanch* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Desde 1959 las diferentes administraciones estadounidenses han lanzado numerosas acciones terroristas en las que han muerto más de 3 400 cubanos a la par que han impuesto arbitrarias extorsiones económicas, comerciales y financieras con el fin de derrocar su legítimo gobierno.

No obstante, el convicto presidente y dictador imperial Donald Trump y su sumiso canciller Marco Rubio, siguen apretando el cerco contra Cuba al prohibir la entrada de petróleo a la Isla, imponer una nueva Orden Ejecutiva que cierra más el cerco del bloqueo, y amenazar constantemente con una agresión militar.

Cuba ha sufrido desde principios de la Revolución innumerables actos terroristas entre los que se cuentan la explosión del vapor La Coubre; la Operación Mangosta que se extendió de 1961 a 1965 con sabotajes que incluyeron incendios, explosiones, el uso de armas biológicas para dañar el cultivo y el ganado; la invasión por Playa Girón en 1961 con saldo de 176 cubanos fallecidos y más de 300 heridos.

También el atentado a la nave de Cubana de Aviación en 1976, donde murieron 73 personas; los más de 600 intentos de asesinato contra el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz; la introducción de la epidemia del Dengue Hemorrágico en 1981, que causó el fallecimiento de 158 personas, entre ellos 101 niños; sabotajes a hoteles de La Habana y otros.

La lista es interminable y los que cometieron esos hechos terroristas no fueron ni han sido condenados, como Luis Posada Carriles y Orlando Bosch quienes fallecieron por causas naturales en Estados Unidos.

El gobierno cubano ha identificado a 20 organizaciones y 62 individuos responsables de numerosos actos terroristas, y ha entregado la relación a Washington pero las demandas de La Habana por llevarlos ante la justicia han sido ignoradas lo que constituye una violación del derecho internacional.

Ahora, la obsesión del pedófilo presidente Donald Trump por volver a imponer la Doctrina Monroe en América Latina, lo ha llevado al extremo de declarar que si un gobierno legítimamente elegido se opone a sus intereses, se le declarará terrorista o narcotraficante.

En su enfermizo fanatismo por destruir a Cuba, aseguró el primero de mayo: «tomaré el control de la Isla casi de inmediato al terminar en Irán y podría poner el portaaviones Abraham Lincoln a unos 100 metros de la costa».

Seguidamente, firmó una Orden Ejecutiva que recruce el cerco contra la Isla del Caribe y cuyas extorsiones apuntan específicamente a los bancos extranjeros que cooperan con el gobierno cubano e imponen más restricciones migratorias, además de bloquear a quienes operen o hayan operado en los sectores de energía, minería, defensa, seguridad de Cuba, brindado apoyo material, financiero o tecnológico a La Habana y a otros individuos ya “sancionados”.

En un reciente Encuentro de Solidaridad con cientos de delegados extranjeros y cubanos que participaron en los festejos por el Primero de Mayo, el Presidente cubano, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en una respuesta inmediata ante tamañas e inhumanas agresiones declaró: “No hay rendición ni capitulación posible, ni ningún tipo de entendimiento basado en la coerción o la intimidación”.

Señaló que «cuando el capitalismo y el imperio están en crisis es entonces cuando resurgen las ideas más ultraconservadoras, las ideas de extrema derecha, por eso está resurgiendo el fascismo en estos momentos; y el Gobierno actual de Estados Unidos es un gobierno fascista»

Seguidamente preguntó ¿Hasta cuándo el mundo va a estar tolerando este abuso? ¿Hasta cuándo el mundo se va a plegar a que maten niños inocentes y a un pueblo inocente como en Gaza, como en el Líbano o como en Irán?  ¿Hasta cuándo el mundo va a tolerar esta política de máxima presión de Estados Unidos contra el heroico pueblo cubano? Porque el mundo tiene que estar consciente de que lo que se hace contra Cuba, lo que se hace contra Palestina, lo que se hace contra Irán, después se lo hacen a cualquiera».

En otra parte del discurso enfatizó: «¡No queremos la guerra!, incluso siempre hemos planteado que desde el diálogo se pueden resolver las diferencias bilaterales con Estados Unidos; pero tiene que haber disposición, tiene que haber seriedad para encontrar áreas de cooperación que nos permitan entendernos y alejarnos de la confrontación. Pero también ratifico lo que hemos dicho en otras ocasiones: no le tememos a la guerra. ¡Y aquí no habrá ni sorpresa ni derrota!»

El pueblo cubano, dijo, ofreció un amplio apoyo con más del 80 % de firmas de su población mayor de 17 años, a favor de la Revolución; en contra del bloqueo recrudecido, en contra del bloqueo energético, del peligro de agresión militar contra Cuba. Fue una firma por la Patria, por la Revolución y por el socialismo, agregó el Presidente Díaz Canel.

A esto se sumó un desfile el Primero de Mayo en el que participaron más de cinco millones de cubanos dispuestos a defender su soberanía e independencia lograda a través de una larga lucha contra colonizadores, neocolonizadores e imperialistas.

Como ha quedado impreso en la historia de la Revolución: El que intente apoderarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre si no perece en la contienda.

(*) Periodista cubano. Escribe para el diario Juventud Rebelde y el semanario Opciones. Es el autor de “La Emigración cubana en Estados Unidos”, “Historias Secretas de Médicos Cubanos en África” y “Miami, dinero sucio”, «Rubio, un mitómano incontrolable», entre otros.

Imagen de portada: Adán Iglesias Toledo.

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