¡Gracias yanquis por hacer más vigente e inmenso el legado de Martí!
Por Ricardo Pose.
El cerco imperialista que desde hace más de medio siglo Estados Unidos impone a Cuba, y las medidas de cierre del mismo que se han convertido en un delito de lesa humanidad, al tiempo que son un llamado urgente a la solidaridad de los pueblos del mundo, inflama el espíritu de resistencia antimperialista y coloca en la conducción de la lucha, el inmenso legado de José Martí.
Caminan junto al Apóstol, todos los mambises de la independencia cubana, y a su lado, la presencia fulgurante de Fidel y todos los héroes de la revolución cubana.
La actualización de la estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos por parte del grupo derechista MAGA, liderado por Donald Trump, y si declarado objetivo de convertir a Latinoamérica y el Caribe en su patio trasero, es más que motivo suficiente para que los pueblos del continente todo, acudan a brevar en la gesta de sus héroes antimperialistas y retomen la senda de la lucha por la soberanía y contra las nuevas formas de injerencia colonialista.
Pero siendo Cuba en este momento, el centro de la voracidad imperial (ocupada en este momento en vencer la potente resistencia del pueblo iraní), dedicamos hoy estas palabras al legado del pensamiento Martiniano, un legado que trasciende las fronteras de la mayor de las Antillas.
“¡Morir bien es el único modo seguro de continuar viviendo!”
Con que magistralidad re versiona la frase de Martí usada en este subtitulo, la consigna Patria o Muerte, que la gusanera cubana pro yanqui cómodamente instalados en la Florida, pretende vaciar de contenido, por una prostituida Patria o Vida.
Morir bien, es la muerte como resultado no buscado pero alcanzado, guiado por una conducta ética, de lealtad, patriotismo a la Matria y soberanía, por la integridad de la condición humana y de los pueblos, que apenas el 3 de enero de éste año, enarbolaron 32 cubanos en Venezuela.
Cito a Silvio sobre este punto: El día del Armagedón no quiero estar tras la puerta, si no soñando bien alerta, donde esté a salvo de perdón.
Fue precisamente José Martí, por conocer las vísceras del caimán, que tuvo temprana conciencia de las intenciones yanquis sobre el resto de las naciones del continente; Fue su experiencia directa en la primera Conferencia Internacional Americana desarrollada en Washington sobre fines del siglo XIX, que Martí ya advertía en sendos artículos periodísticos sobre la trampa norteamericana de ofrecer lograr acuerdos beneficiosos, pero que respondían ya a sus planes de expansión comercial y de control económico-político de la región.
Los yanquis impulsaron la institución de la Unión Panamericana, convertida luego en Organización de Estados Americanos (OEA), una tribuna pensada para legitimar la política imperial de la Casa Blanca.
Un detalle menor, pero que me toca de cerca, es que en esa reunión, Martí representó a Uruguay como diplomático, además de fungir como periodista.
Advertía Martí y promovía desde sus escritos periodísticos y políticos, la importancia estratégica de la más estrecha unión del continente, sin la participación de Estados Unidos; La unión sí, pero de los países de “nuestra América”, y no con “el Norte revuelto y brutal que los desprecia”.
En su crónica de esa conferencia “Panamericana” publicada por el diario La Nación de Argentina, en septiembre de 1989 denuncia: “Unos venían de Europa a presentar sus credenciales al congreso que llaman aquí de Pan-América, aunque ya no será de toda. Haití, como que el gobierno de Washington exige que le den en dominio la península estratégica de San Nicolás, no muestra deseos de enviar sus negros elocuentes a la conferencia de naciones; ni Santo Domingo ha aceptado el convite, porque dice que no puede venir a sentarse a la mesa de los que le piden a mano armada su bahía de Samaná y en castigo de su resistencia le imponen derechos subidos a la caoba”.
En un magistral estilo narrativo, Martí dispara desde la ironía: “Las entrañas del Congreso están como todas las entrañas, donde no se las ve. Los periódicos del país hablan conforme a su política. Cada grupo de Hispanoamérica […] desaprueba el congreso o espera de él más disturbios que felicidades, o lo ve con gusto, si está entre los que creen que los Estados Unidos son un gigante de azúcar, con un brazo de Wendell Phillips y otro de Lincoln, que va a poner en la riqueza y en la libertad a los pueblos que no las saben conquistar de por sí propios, o es de los que han mudado ya para siempre domicilio e interés, y dicen mi país cuando hablan de los Estados Unidos, con los labios fríos como dos monedas de oro, dos labios de que se enjugan a escondidas, para que no se las conozcan sus nuevos compatricios, las últimas gotas de leche materna”.
Encandilados algunos cubanos con las “bondades” del imperio, Martí declara enérgicamente la defensa de la independencia de Cuba, y expone: “Para que la Isla sea norteamericana no necesitamos hacer ningún esfuerzo, porque, si no aprovechamos el poco tiempo que nos queda para impedir que lo sea, por su propia descomposición vendrá a hacerlo. Eso espera este país. Y a eso debemos oponernos nosotros”.
El conocimiento
Para Martí, además de todas sus cualidades intelectuales, un agudo observador militar, aludida sin citar al gran estratega y militar chino Sun Tzu, sobre la necesidad del conocimiento del enemigo: “De los pueblos de Hispano-América, ya lo sabemos todo: allí están nuestras cajas y nuestra libertad. De quien necesitamos saber es de los Estados Unidos, que está a nuestra puerta como un enigma, por lo menos. Y un pueblo en la angustia del nuestro necesita despejar el enigma; arrancar de quien pudiera desconocerlos la promesa de respetar los derechos que supiésemos adquirir con nuestro empuje, saber cuál es la posición de este vecino codicioso, que confesamente nos desea”.
La naturaleza del escorpión
En la conocida fábula de la rana y el escorpión, éste último a punto de morir ahogado, pide a la rana que lo salve, llevándolo en su lomo hasta la orilla. La rana le pide al escorpión que le dé su palabra de que no la va a picar, pero cuando llega a la orilla, la mata y le dice: está en mi naturaleza.
Martí, haciendo un análisis del desarrollo de la sociedad estadounidense y la construcción ideológica de sus grupos dominantes dijo: “Y cuando un pueblo rapaz de raíz, criado en la esperanza y certidumbre de la posesión del continente, llega a serlo con la espuela de los celos de Europa (¿China hoy?) y de su ambición de pueblo universal como la garantía indispensable de su poder futuro, y el mercado obligatorio y único de la producción falsa que cree necesario mantener, y aumentar para que no decaigan su influjo y su fausto, urge ponerles cuantos frenos se puedan fraguar, con el pudor de las ideas, el aumento rápido y hábil de los intereses opuestos, el ajuste franco y pronto de cuantos tengan la misma razón de temer, y la declaración de la verdad. La simpatía por los pueblos libres dura hasta que hacen traición a la libertad; o ponen en riesgo la de nuestra patria”.
Acérrimo antimperialismo
Martí impulsaba la necesidad de un equilibrio que pusiera a la humanidad como centro, y ante los avatares de las tensiones inter imperialistas entre Estados Unidos y Europa, proclamaba: “¿A qué invocar, para extender el dominio en América, la doctrina que nació tanto de Monroe como de Canning, para impedir en América el dominio extranjero, para asegurar la libertad de un continente? ¿O se ha de invocar el dogma contra un extranjero para traer a otro? ¿O se quita la extranjería, que está en el carácter distinto, en los distintos intereses, en los propósitos distintos, por vestirse de libertad, y privar de ella con los hechos, o porque viene con el extranjero el veneno de los empréstitos, de los canales, de los ferrocarriles?”
Culmino esta entrega, con un parte de un escrito de Fidel, donde exalta el pensamiento de Martí, en la revolución socialista cubana, en “José Martí, autor intelectual”: “Si en nuestra Revolución se funden, como en un crisol de la historia, las ideas avanzadas y la obra patriótica de los forjadores de la patria, con la doctrina y la obra universales de la clase obrera y el socialismo, ello quiere decir que no podrá haber verdadera formación ideológica y política del pueblo, verdadera conciencia comunista, sin conocimiento de los admirables aportes de José Martí a la Revolución Cubana, a la liberación de América frente al peligro imperialista, y al pensamiento revolucionario de su tiempo, Martí es y será guía eterno de nuestro pueblo. Su legado no caducará jamás. En la medida que avanzamos hacia el porvenir se agranda la fuerza inspiradora de su espíritu revolucionario, de sus sentimientos de solidaridad hacia los demás pueblos, de sus principios morales profundamente humanos y justicieros”.
* Ricardo Pose. Uruguayo. Periodista de investigación. Guionista de documentales. Integrante de la EDH-Uruguay
Tomado de Sociedad Cultural José Martí.

