Un año más del brutal acto de terror, aún sin esclarecer (I)
Por José Luis Méndez Méndez
Especial para Resumen Latinoamericano
Hoy la amenaza agresiva se cierne sobre una nación, una cultura y una ideología. Un pueblo que ha sido obligado a convivir con el peligro terrorista, exige respuestas a tantas preguntas acumuladas instaladas en su memoria histórica donde no hay espacio para el olvido.
Han transcurrido 66 años del inhumano acto de terror contra el barco francés La Coubre, en la rada habanera, que dejó más de cien muertos, cientos de heridos, además de secuelas y cicatrices indelebles en los cubanos e hijos de otros países.
Las agencias especializadas de Estados Unidos de oficio realizaron investigaciones, elevaron a la administración de turno los resultados de sus pesquisas, también intercambiaron datos con sus aliados de Bélgica y Francia, los cuales por igual indagaron para esclarecer la muerte de seis ciudadanos franceses, las causas del barco hundido y las pérdidas materiales millonarias belgas.
Un mutismo cómplice ha acompañado la tragedia desde la fatídica tarde, razones estadunidenses sobran para haber indagado lo ocurrido, en contestación a las clásicos por qué, para qué, quién, dónde, cuándo, que explicará el motivo del acto de pavor, incluso sin que medie en el análisis, la histórica y sistemática política agresiva de sucesivas administraciones de Estados Unidos, obcecadas en derrocar a la Revolución cubana, basta analizar los hechos, reflexionar y llegar a conclusiones.
Existía todavía una embajada de Estados Unidos en Cuba, sus funcionarios laboraban con normalidad, al conocer lo acontecido debieron interesarse por el destino de Donald Lee Chapman, ciudadano estadounidense, solitario viajero de esa nacionalidad, en un barco con carga militar entre otras mercaderías, cuando acorde con sus pertenencias halladas, acostumbraba a viajar en cruceros lujosos. Comodidad que cambió para hacinarse en un camarote precario habilitado por el Capitán de la nave por insistencia de la naviera francesa. Para lograrlo, dos grumetes fueron dejados en tierra para hacerle espacio al insistente peregrino. Para más dudas, iba con destino final al estado de Nebraska, pero descendería en Miami.
Inmediatamente después de las explosiones varios turistas de Estados Unidos, curiosos aparecieron en la zona portuaria para la toma de fotos, fueron detenidos para ser indagados y la embajada estadounidense intercedió en su identificación y liberación. Estos trámites, sin lugar a dudas, generaron documentos que fueron archivados en la sede diplomática y enviado copias a las agencias correspondientes.
Estados Unidos, se había negado a vender armas a Cuba, así como había ejercido presiones sobre otros países para que no proporcionaran armamento al gobierno revolucionario, las agencias encargadas de hacer efectivo ese boicot, debieron haber seguido las rutas de las compras cubanas. Ya el barco La Coubre, había traído armas belgas a la Isla en octubre de 1959, era por tanto una nave controlada y seguida por sus agentes.
La agresión, privó a la defensa cubana de 44 toneladas de granadas y 31 de municiones, cuando ya el plan de invasión a la Isla, se gestaba y fue aprobado el 17 de marzo de ese año 1960, dentro de un vasto programa titulado “Agresiones contra el régimen de Castro”.
El 9 de marzo, cinco días después de la explosión el grupo especial WH-4 de la CIA, creado para el derrocamiento de la joven Revolución, realizó una reunión de balance presidido por su director el coronel J.C. King, momento en que se analizó el impacto negativo provocado por el acto de terror en la capacidad defensiva cubana.
Desde mediados de 1959, la representación en Cuba de esa agencia, también de la DIA, así como el grupo del FBI instalado en esa sede desde antes del triunfo revolucionario, priorizaron la búsqueda de información sobre las compras de armas de Cuba. Estados Unidos había presionado a Inglaterra, para que no suministrara nuevos aviones a la defensa cubana. El tema armas era una alerta de máxima prioridad dentro de la sede diplomática estadounidense y sus colaboradores diseminados por todo el país estaban al acecho de cualquier dato.
En Estados Unidos debe haber documentos sobre la recolección de información de sus agencias de inteligencia sobre la llegada a Cuba de barcos con armamento. los dos viajes de La Coubre, uno en octubre de 1959 y el otro en marzo de 1960 no debieron haber escapado al conocimiento de la red de espías situados en el puerto de La Habana, esta era una prioridad de inteligencia.
En particular, deben existir informaciones en la CIA sobre los esfuerzos de Cuba para adquirir armamento en el mercado internacional, lo cual era una prioridad entonces. El principal beneficiado de este acto de terror fue el país, que impedía a toda costa que la joven Revolución se defendiera.
Otra de las razones por las cuales deben existir documentos es que autoridades de Francia y Bélgica debieron haber pedido su colaboración a Estados Unidos, para esclarecer el hecho. En la madeja de acertijos sobre este caso no resuelto, flota una interrogante llamativa: ¿Por qué no se han desclasificado documentos sobre este hecho en el libro de memorias del departamento de Estado, que compila las comunicaciones históricas entre la embajada de Estados Unidos en La Habana y los documentos que han tratado en el pasado las relaciones entre los dos países? Al analizar el correspondiente a los cruciales años 1959-1960 en las relaciones bilaterales, cargado de hechos trascendentes hay un vacío anómalo en el tráfico de correspondencia entre el 18 de febrero y el 12 de marzo, cuando con toda razón debió haberse producido un intenso intercambio entre las partes.
Sobre el hecho, se conoce que el departamento de Estado presento tres notas diplomáticas al gobierno de Cuba, una rechazando la imputación de estar involucrados en el hecho realizada el 5 de marzo, otra para solicitar acceso y dar asistencia consular al estadounidense Donald Lee Chapman, el referido viajero estadounidense y una tercera, en la cual se solicitaba la entrega de sus pertenencias.
Dos congresistas del estado de Nebraska de inmediato intercedieran a favor de la liberación de Chapman, enviaron documentos petitorios de manera directa a Cuba, se saltaron el protocolo de las comisiones rogatorias previstas en tales casos y exigieron al departamento de Estado presionar a Cuba sobre la detención del viajero para una expedita solución de su caso.
Otro estadounidense de “visita”, Jack Lee Evans, de manera inmediata, viaja con destino a Miami. Al llegar realizó declaraciones al The Miami Herald, en las cuales afirmaba haber visto en la cubierta de La Coubre al entonces comandante William Morgan, estadounidense, adiestrando a soldados cubanos en el manejo de los fusiles que habían llegado ese día. Su falso testimonio se desmoronó al conocerse que en ese viaje no habían sido traídas armas, solo municiones y granadas, tampoco el referido Morgan había estado en el lugar. El medio noticioso miamense debió retractarse. Evans, resultó ser un delincuente dedicado al robo de equinos en Estados Unidos. Otras interrogantes se suman a la exigencia cubana de respuestas ante el inolvidable crimen, aún impune.
En el sepelio a las víctimas del acto de terror el 5 de marzo de 1960, emergió la consigna de Patria o Muerte, que ha acompañado al pueblo de Cuba, pasada de una generación a otra en la continuidad de la resistencia contra la permanente agresión que sucesivas administraciones estadounidenses han infligido a una pequeña nación decidida a construir su propio destino con autodeterminación y sin injerencia foránea. Con ese aval de estoicismo se exige que el muro de silencio sobre este horrendo crimen, se derribe y fluya la realidad de lo sucedido.
4 de marzo de 2026

