Cuba: Nueva vida, sin Tiburón y sin Maya

Por Dailenis Guerra Pérez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Fue el Tiburón de la Maya quien se obsesionó con arrebatarle la tierra a Niceto Pérez. Aquel pobre campesino sabía que el suelo apretujado entre las propiedades de la Guantánamo Sugar Company y las del terrateniente Lino Mancebo, no era suyo, pero lo había abonado con el sudor de su cuerpo y lo había bautizado como finca María Luisa.

Allí había levantado su bohío, la tierra era el sustento de su familia y lo fue por muchos años,   hasta que Lino, como tiburón, divisó en la finca de Niceto, su mejor presa. Los Mancebos querían apoderarse de las tierras realengas donde vivían 128 campesinos, ninguno más osado que Niceto.

Ya había amenazado de muerte al humilde guajiro en dos ocasiones. Como los cobardes, nunca lo hacía solo, siempre lo acompañaban sus secuaces, aprobados por la Guardia Rural. Tal vez le irritó que Niceto se aferrara a la tierra con valor suficiente para desafiarlo, para responderle que de allí,  saldría solo muerto. Y eso fue lo que hicieron.

Con la cobardía desbordando el pecho, el 17 de mayo de 1946, los Mancebos balearon al campesino en plena jornada de trabajo. El hijo de 7 años ayudaba a su padre en el platanal. Niceto dio de beber a la tierra con su propia sangre, pero la muerte le permitió decirle a su esposa quiénes habían cometido el crimen.

—¡Los Mancebo y la Rural me han matado…¡

Cuba entera conoció el delito. La familia de Niceto acusó a los Mancebos, a la Guardia Rural y a sus secuaces. Hasta el mismo presidente escuchó los reclamos de la esposa. Humillantemente, Grau se sacó del bolsillo un billete de 100 pesos, se lo dio a los huerfanitos y le prometió justicia.

Por supuesto, nada se hizo, así que la indignación superó las expectativas, se erigió un monumento en el lugar del asesinato y se proclamó la fecha de la muerte de Niceto como Día del Campesino.

Alguien también le puso precio a la vida de Lino Mancebo. Cien pesos valía su miserable cuerpo. Un terrateniente que no era un buen ejemplo. Compadre de Batista, ya había burlado la cárcel cuando se le acusó de contrabando del café. Ahora, a medida que avanzaban las investigaciones, se le iban achacando otros muchos delitos y el fiscal pidió para él una larga condena. Sin embargo, la causa fue archivada.

Pero en la mañana del 26 de febrero de 1947, cuando salía de la Lonja del Comercio de La Habana, tras participar en una reunión de cafetaleros, cinco balas de pistola calibre 45 se alojaron en su carne podrida. Era el atentado personal número 53 del gobierno de Ramón Grau San Martín y, como en todos los anteriores, pese a lo concurrido en el lugar, nadie vio quién o quiénes lo perpetraron.

Trece años después de la muerte de Niceto Pérez, el 17 de mayo de 1959, en la Comandancia General del Ejército Rebelde, en la Sierra Maestra,  se firmaba la Ley de la Reforma Agraria y una nueva vida se abría para el campesinado cubano.

Firmada simbólicamente hace 63 años, esta ley fue la más trascendental de las medidas de la Revolución en su primera etapa, pues benefició a más de cien mil familias campesinas y liquidó al latifundismo y el dominio imperialista sobre las tierras.

Con ella se anuló también el derecho de las empresas e individuos extranjeros a poseer tierras en Cuba, salvo aquellos que fueran pequeños agricultores.

Llegarían nuevas Reformas, la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, las cooperativas, empresas agropecuarias y otras formas de organizar al sector campesino en la isla.

Hoy el campo se vigoriza con rostros jóvenes. No los minimiza la tierra cubriéndole los zapatos y la vestimenta, y el sol y el sudor ardiendo en la piel; las faenas de los agricultores no cesan. Hay que garantizar, ante los retos y dificultades que enfrenta la humanidad, la alimentación de una isla.

Hoy es el campesinado el que está llamado a aportar alimentos para el pueblo, cuando la economía mundial se tambalea  y la Organización de Naciones Unidas alerta sobre la falta de alimentos para millones de personas en el planeta.

Por tal razón, aunque con el alma de fiesta, pero sin  abandonar el surco, los campesinos cubanos celebran 63 años de Reforma, de dignificación de su labor, de reconocimiento moral, de sosiego.

 

(*) Periodista cubana, Colaboradora de Resumen Latinoamericano corresponsalía Cuba.

Foto de portada: Archivo PL.

 

 

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