El fantasma del anticomunismo acogido en Miami (IV y Final)

Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano. en Miami (IV y Final)

Los estudiosos del anticomunismo ocasiones han “robado” al marxismo aspectos de su discurso fundacional, lo manipulan a su conveniencia y lo diseminan en mentes generalmente porosas, sin filtros capaces de discernir y esas teorías calan y gobiernan sus formas de actuar. Los anticomunistas no han podido universalizar su proselitismo y para mantener adeptos han clasificado su oposición al marxismo en distintas tendencias, que durante época y regiones planetarias han predominado, tenido esplendor y fenecido en el tiempo, así tenemos al anticomunismo conservador predominante en Estados Unidos en la década de los sesenta, asociado al nacionalismo anticomunista, que su aparición se explica cuando: se invoca la defensa de los valores tradicionales, de la identidad nacional y de las estructuras sociales como parte del programa de los nacionalistas para preservar el poder y el llamado prestigio nacional.

Está también el anticomunismo fascista y nacionalsocialista, que alcanzan su cima tras la Primera Guerra Mundial y la Segunda, entonces las democracias liberales estaban seriamente acosadas en este período y parecían ser una filosofía en extinción. El movimiento socialista se dividió cuando los líderes de los partidos socialdemócratas apoyaron la guerra, mientras que los partidarios de la Revolución rusa, formaron Partidos Comunistas en la mayoría de los países industrializados y en muchos no industrializados. Muchos historiadores consideran el fascismo como una reacción contra estos movimientos.

Con la llegaba de la gran depresión de los años treinta, parecía que el liberalismo y el capitalismo liberal estaban condenados a desaparecer mientras los movimientos comunista y fascista crecían. Estos movimientos se oponían ferozmente el uno al otro y se enfrentaron frecuentemente. El ejemplo más notable de estos enfrentamientos fue la guerra civil española, que se convirtió parcialmente en una guerra subsidiaria entre los países fascistas y sus partidarios internacionales que apoyaban al dictador Francisco Franco y el movimiento comunista, sostenido principalmente por la Unión Soviética que, aliado con los anarquistas y los trotskistas, apoyaba al gobierno republicano.

La Unión Soviética apoyó la idea de una coalición con las potencias occidentales contra la Alemania Nazi, a la vez que fomentaba la formación de frentes populares en varios países contra los fascistas locales. Estas políticas tuvieron poco éxito debido a la desconfianza de las potencias occidentales y su estrategia de obligarla a llevar en solitario el peso de la lucha contra el nazismo.

En cualquier caso, está claro que Joseph Stalin no esperaba que los alemanes atacaran hasta 1942, por lo que fue sorprendido cuando la Alemania Nazi invadió la Unión Soviética en junio de 1941, con la Operación Barbarroja, a pesar de la información anticipada que había recibido que le revelaba las verdaderas intenciones de los fascistas. El fascismo y el comunismo volvieron a ser enemigos mortales.

Por su parte, el anticomunismo cristiano, identificado en la larga historia de anticomunismo de la iglesia católica, así todavía aparecía reafirmado en el catecismo de esa iglesia de 1992, coincidente con la caída de la Unión Soviética, que proclamaba para borrar toda duda: «La Iglesia ha rechazado las ideologías totalitarias y ateas asociadas en los tiempos modernos al comunismo o socialismo.

Ha existido hasta el anticomunismo anarquista e izquierdista, aunque muchos anarquistas se describen a sí mismos como comunistas, todos los anarquistas critican el comunismo autoritario. Los comunistas libertarios coinciden con los demás comunistas en que el capitalismo es una herramienta de opresión, es injusto y debe ser destruido de una forma u otra. Los anarquistas, sin embargo, van más allá al decir que todo poder centralizado o coercitivo es dañino para el individuo. Por lo tanto, los conceptos de dictadura del proletariado, propiedad estatal de los medios de producción y otros similares del pensamiento marxista son un anatema para los anarquistas, independientemente de si el Estado en cuestión es democrático o no. Sin embargo, muchos otros anarquistas tienen críticas de corte individualista hacia el comunismo.

Sobre el anticomunismo en los Estados Unidos ya tratamos, asociado a la Guerra Fría, y al reanimado ahora en Miami, que se intenta presentar  como una detente etiqueta para toda América Latina, donde han penetrado hasta captar a Colombia para la OTAN, proceso que es seguido atento por las fuerzas progresistas de toda la región.

Se impone una declaración similar a la aprobada por la CELAC en el 2014, que proclamó zona de paz libre de todo conflicto bélico, ahora se declare que esa alianza ajena está proscrita en la región.

Así llegamos al anticomunismo contemporáneo, numerosos de los llamados tanques pensantes conservadores, así como medios de comunicación conservadores, han seguido sosteniendo algunos de los argumentos clásicos del anticomunismo, basándose en fracasos económicos y en pretextadas violaciones de los derechos humanos ocurridos en regímenes cuya ideología oficial era el comunismo, esta ha sido una de las banderas de ataque. Sin embargo, algunos puntos tradicionales promovidos inicialmente por movimientos comunistas europeos como la amplia educación pública y la protección del estado de las personas de renta baja han sido ampliamente adoptados en los países capitalistas de renta alta. Por esa razón, el anticomunismo contemporáneo está más centrado en otros aspectos como la conveniencia de un sector industrial público o hasta qué punto conviene la existencia de redistribución de la renta. Han asumido del comunismo parte del discurso y de los resultados sociales alcanzados.

El anticomunismo al estilo Miami, está fertilizado por el odio acumulado por más de seis década de fracasos reiterados por intentar en vano derrocar un sistema político socialista a noventa millas de sus costas, asediado, bloqueado, difamado, que contra todas las adversidades y venciendo a más de una docena de administraciones se mantiene firme en defensa de sus conquistas, de la dignidad plena alcanzada, insumiso, amante de la paz, pero preparado para otras seis décadas más de lucha y de combate, convencido que no hay otra alternativa que la victoria.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Imagen de portada: ‘Hammer and Sickle’ (1976) de Andy Warhol/ Andy Warhol Foundation for de Visual Arts. 

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