A 20 años de «Bowling for Columbine», nadie escucha

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El cine estadounidense, que durante más de cien años glorificó la ley del revólver, se ha visto impelido a vestirse de largo para tratar las masacres ocurridas en las escuelas de ese país. Pero análisis y advertencias parecen haber caído en saco roto, y no precisamente por ineficacia artística.

Michael Moore hundió el escalpelo en su memorable documental Bowling for Columbine (2002), aclamado en todo el mundo, y que pasaría a convertirse en referente cultural de la nación a partir de una evidencia demoledora: el  vínculo del pueblo estadounidense con las armas de fuego engendraba, irremediablemente, hechos de violencia irracional.

Las estadísticas ofrecidas por el cineasta eran de espanto: 11 000 víctimas fatales por armas de fuego en un año. Hoy, cuando Bowling for Columbine está cumpliendo 20 años de haber sido realizado, uno no puede menos que turbarse al constatar que, desde el inicio de 2022, hasta la reciente matanza en un centro escolar de Texas, ¡cinco meses!, han muerto en Estados Unidos 17 202 personas por las mismas causas.

Según la entidad Gun Violence Archive, desde enero de este año se produjeron 213 tiroteos «masivos» y diez «asesinatos en masa».

A Michael Moore no le tembló el pulso para advertir y predecir el futuro en un documental que recogía la masacre de 1999, perpetrada por dos alumnos en la Columbine High School de Littleton, región donde vivían 5 000 empleados de la empresa armamentística Lockheed. «Y si los padres fabrican misiles –sacaba a relucir el cineasta su proverbial ironía– no resulta extraño que los hijos empuñen escopetas».  E, imparable en su mordacidad, hacía público que un banco de la localidad premiaba con un fusil de asalto a todo aquel que abriera una nueva cuenta.

Relacionando la cultura de la violencia con la cultura del miedo prevaleciente en su país, Michael Moore se lanzó en un viaje de indagaciones que lo llevó a entrevistar al actor Charlton Heston, presidente de la Asociación Nacional del Rifle y símbolo por excelencia de las loas cantadas por Hollywood al uso de las armas. Fue una entrevista que reveló hipocresías, máxime cuando se filmó a  Heston hablando en un mitin armamentista, cerca de una localidad donde recientemente una niña de seis años había sido asesinada por una compañera de escuela.

Son numerosos los filmes realizados con el tema de las matanzas en centros escolares y otros lugares, que ponen de manifiesto la facilidad de contar con armas de alto poder de fuego por parte de los homicidas. Entre ellos se destacan Elefante (2003), de Gus Van Sant, premiada en Cannes e inspirado también –en clave de documental y ficción– en los hechos de Columbine; Hablemos sobre Kevin (Lynne Ramsay, 2011) y Rudderless, (William H. Macy, 2014).

Larga lista de películas en las que se tratan temas afines al hecho criminal, como el acoso, la discriminación racial y religiosa, las desigualdades sociales, la xenofobia, las redes sociales, los videojuegos, el cine ponderativo de la violencia y los posibles padecimientos mentales de los victimarios, desencadenados, o influidos, no pocas veces, por todo lo anterior (recordar la matanza de 12 personas ocurrida en un cine de Denver, en 2012, durante el estreno de un filme de Batman. Cuando la policía detuvo al asesino, un joven de 24 años, este se identificó: «Soy el Joker»).  

A juzgar por las legítimas manifestaciones de dolor, pero también de impotencia, escuchadas recientemente a gobernantes estadounidenses en cuanto a no poder revertir el panorama actual de muchas armas en manos de quienes reclaman el derecho a poseerlas (armas como si fueran juguetes), es de suponer, con horror, que nuevos filmes sobre matanzas tendrán que seguirse realizando, o lo que es igual,  otra vez el arte será descalificado frente a la sordera.

Tomado de Granma.

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