Cuba: Un golpe demoledor a la economía y a la tradición

Por Ronald Suárez Rivas.

A tono con la rivalidad que mantienen desde hace dos siglos en torno a la producción tabacalera –columna vertebral de la economía de Vueltabajo y, al mismo tiempo, cultura y tradición–, los municipios de San Juan y Martínez y San Luis hoy reportan cifras muy similares en cuanto a destrucción, tras el paso del huracán Ian.

«Si usted ha estado en uno, puede decir que vio el otro», asegura Víctor Fidel Hernández, delegado provincial de la Agricultura.

«La diferencia entre ambos puede estar en un camino, en una loma, en un río, pero en materia de daños ha sido casi lo mismo en cualquiera de los dos».

Para la actividad tabacalera se trata de un golpe demoledor, teniendo en cuenta el protagonismo de estos dos territorios pinareños, tanto en toneladas como en calidad de un cultivo que aporta cada año cientos de millones de dólares por concepto de exportación.

Si el tabaco cubano es considerado como el mejor del mundo es, en buena medida, por estos dos municipios pinareños que, históricamente, se han disputado la supremacía de la producción.

Tanto es así que, a la entrada de San Juan y Martínez, un cartel gigantesco, en el techo de una de esas casas enormes de cura (secado) que distinguen el paisaje de esta provincia, le anuncia al visitante: «La Meca del tabaco».

Sin embargo, otro cartel idéntico le riposta: «La cuna del tabaco», justo a la entrada de San Luis.

Después de la tormenta, la recuperación 

Como si la naturaleza hubiera decidido no tomar parte en el asunto y  mantener una posición neutral, el largo inventario de daños tras el paso del huracán Ian no puede ser más parejo entre uno y otro.

Ronald Hidalgo, presidente del Consejo de Defensa Municipal de San Luis, refiere afectaciones en las 1.250 casas de cura natural del territorio y las 36 de cura controlada. En tanto, suman más de 1 700 los derrumbes totales de ambos tipos de instalaciones en San Juan.

Lo peor es que la tragedia no se limita a ellos. El Delegado de la Agricultura afirma que se trata del mayor golpe que ha sufrido la infraestructura tabacalera a lo largo de su historia.

Ni siquiera cuando el paso de los huracanas Isidore y Lili, en 2002, los daños alcanzaron tal dimensión, dice.

El funcionario explica que ello se debe a la trayectoria seguida por el devastador fenómeno meteorológico, que atravesó lo que se conoce como el macizo tabacalero de Vueltabajo, y no dejó de azotar ningún municipio pinareño.

Para que se tenga una idea más precisa de la destrucción, Víctor Fidel Hernández señala que de las cerca de 12.000 casas de cura natural que existen en Vueltabajo, alrededor del 90% tiene afectaciones.
También en escogidas, despalillos y almacenes, son muy severos los estragos. «Hay algunos que se derrumbaron, a pesar de que tenían paredes sólidas».

Para hacer aún más tensa la situación, el Delegado de la Agricultura afirma que parte de las instalaciones que se vinieron abajo tenían en su interior tabaco de las últimas cosechas.

Aun cuando se había orientado protegerlo con mantas de polietileno, al ceder los techos, y hasta las paredes, resultó inevitable que se mojaran alrededor de unas 11.000 toneladas.

De modo que entre las prioridades del trabajo en la actualidad esté tratar de salvar la mayor cantidad posible de hojas.

«En todos los lugares estamos oreando ese tabaco, con el propósito de que se pueda aprovechar».

La otra prioridad, a las puertas de una campaña que se preveía iniciar el próximo 20 de octubre, es la reconstrucción, cuanto antes, de algo más de 6.000 casas de cura que garanticen la cosecha, al menos en aquellas tierras que tengan un mayor impacto para la economía del país, como las destinadas al tabaco tapado o las vegas finas de primera.

«Estamos preparando una estrategia para cien días de trabajo que deben ser muy intensos y demandan un respaldo significativo de recursos».

Entre ellos, elementos de techo, más de 170.000 metros cúbicos de madera y de 600 toneladas de puntillas.

En aras de agilizar el proceso constructivo, señala que se pretende utilizar en las paredes una especie de nailon con el que ya se experimentó hace algún tiempo. «No es lo mismo clavar tejas o madera, que una tela que cubre una mayor área y se puede colocar más fácilmente».

Aunque se dice rápido, advierte que se trata de una carrera contrarreloj, en un contexto en el que muchos de los que deben intervenir en la recuperación también tienen que atender las afectaciones que sufrieron sus viviendas.

Es minuciosa la labor para separar las hojas húmedas de las secas. Foto: Ronald Suárez Rivas.

Una carrera contra el tiempo

«Las personas más viejas dicen que aquí nunca se había visto algo como esto –cuenta Mirella Márquez, en la zona de San Vicente–. En el barrio donde yo vivo no quedó una casa en pie».

Como ella, cerca del 90% de los trabajadores de la unidad empresarial de base de Tabaco Tapado del municipio de Pinar del Río (cuyo destino es la exportación) fueron damnificados, y ello crea una situación extremadamente tensa, afirma Andrés Nieto, su director.

Aun así, con los hombres y mujeres bajo su mando que han podido incorporarse, se revisan las 211 toneladas que se hallaban en tres escogidas y un almacén.

Andrés asegura que todo se había tapado con mantas, pero al ceder el techo, es inevitable que haya afectación.

Además de revisar mazo a mazo hasta la última hoja, separar las mojadas de las secas y ponerlas a orear, explica que también se ha comenzado a techar el almacén.

Un silencio triste indica la tragedia que cada quien carga consigo. «Es que, además, nos hemos quedado prácticamente sin trabajo, porque ¿cuándo se podrá reconstruir esto otra vez», se lamenta Maday Moreno, una de las trabajadoras de la escogida de San Vicente.

Cerca de allí, Ismael Falcón, uno de los vegueros más experimentados de la zona, coincide en que «lo que ha sucedido es un desastre». Sin embargo, si quienes deben garantizar los recursos para restablecer las capacidades de cura cumplen su parte, asegura que todavía es posible hacer campaña.

«El interés de sembrar lo seguimos teniendo los campesinos», dice, y recuerda que, en 2008, el huracán Gustav también azotó con fuerza la infraestructura tabacalera, y que con la ayuda de carpinteros de otras provincias se logró volver a levantar.

«Solo que aquello fue a finales de agosto, era más temprano, mientras que ahora estamos contra el tiempo».

Tomado de Granma / Foto de portada: Ronald Suárez Rivas.

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