Análisis pormenorizado de las elecciones en Brasil y la reacción de Bolsonaro

Por Gustavo A. Maranges, corresponsal de Resumen English en La Habana.

 

Las elecciones en Brasil estaban entre los eventos más importantes del año en Latinoamérica. La definición política de la primera economía regional es una variante clave en el actual contexto político ya que de ello depende en buena medida el alcance de la nueva ola progresista latinoamericana. A lo interno, era vital, pues Brasil llevaba más de 6 años de gobiernos de derecha, lo cual combinado con la pandemia sumió a millones de personas en la pobreza.

Afortunadamente, el candidato vencedor fue el representante del Partido de los Trabajadores (PT) Luiz Inácio Lula da Silva, quien ganó por un estrecho margen de 2 millones de votos, es decir, 0.8% de los votos. La diferencia fue estrecha, pero no por ello menos importante. Al respecto es necesario tomar en cuenta que el rival de Lula, el ultraderechista Jair Bolsonaro, contaba con el apoyo nada despreciable de la maquinaria gubernamental y con el apoyo de la oligarquía y la clase media alta brasileña, lo cual implica un poder económico y de influencia que puede definir cualquier proceso electoral.

La clave de la victoria de Lula fue su estrategia de liderazgo colectivo y las alianzas con las más diversas fuerzas políticas que van desde la centro-derecha hasta las organizaciones más progresistas y de izquierda de Brasil. Sin embargo, una vez ganada las elecciones, este elemento se convierte en un desafío. Una vez cumplido el objetivo de sacar a Bolsonaro del poder, las diferencias pudieran emerger poniendo en riesgo la estrategia de gobierno de Lula y dejándolo expuesto ante una derecha cuyo principal objetivo es destruirlo políticamente.

Un país dividido

Un dato interesante sobre el resultado es que Lula ganó entre los adultos jóvenes. Esto es peculiar, ya que los políticos de ultraderecha suelen tener gran apoyo en este sector. Sin embargo, en Brasil se ha comportado diferente. Los adultos jóvenes de hoy nacieron antes del primer mandato de Lula y vieron en primera persona el progreso que generó 13 años de gobiernos del PT. Estas mismas personas han sido testigos de la desastrosa gestión de Bolsonaro y están deseosas por recuperar lo que consideran su nivel normal de vida, que no es más que condiciones dignas. Al mismo tiempo, el enfoque neoliberal de Bolsonaro en cuestiones sociales y económicas no compagina con su visión del mundo, la cual es mucho más cercana al enfoque justo y moderno de Lula en temas clave como los derechos de la comunidad LGTBQ+, las mujeres, los negros y las políticas medioambientales.

Las elecciones mostraron un país dividido económica y políticamente. No es coincidencia que Bolsonaro ganase en los estados con mayor Índice de Desarrollo Humano (IDH) y en los de menor analfabetismo, como tampoco sorprende su victoria en los estados amazónicos más ricos. En estos Bolsonaro tiene un gran apoyo de los sectores madereros y ganaderos a quienes el ultraderechista dio luz verde para talar millones de hectáreas de bosques, ignorando las consecuencias ambientales.

Del mismo modo, Bolsonaro ganó claramente en los dos estados con mayor población urbana, mientras que Lula ganó en los dos con más población rural. Esta distribución del voto evidencia las abismales diferencias entre el campo y la ciudad en Brasil, uno de los problemas que tanto Lula como su sucesora Dima Rousseff intentaron aliviar mediante la implementación de políticas sociales.

Según el voto por Estados, Lula ganó en 13 de los 23 Estados. Los menos poblados y de menor renta, los cuales fueron duramente afectados por la COVID-19 debido a la fragilidad de sus sistemas de salud y la desatención gubernamental.

La distribución de poder en los Estados fue diferente, aunque equilibrada. El PT solo ganó 4 de las 23 gobernaturas a las cuales se pueden sumar otras 3 del Movimiento Democrático Brasileño (MDB) cuya candidata a la presidencia fue Simone Tebet, una del partido Solidaridade y 3 del Partido Socialista Brasileño (PSB). El resto de las gubernaturas está en manos de partidos afines. En el senado y en la Cámara de Diputados la correlación de fuerzas es igualmente desfavorable para el progresismo brasileño, lo cual complica mucho la gestión de gobierno.

El voto en el exterior también deja ver una realidad y es la transnacionalización de la agenda de las fuerzas de derecha en la región. A pesar de que Lula ganó en el exterior, en Estados Unidos por ejemplo, Bolsonaro ganó aplastantemente. Algo similar ocurrió en Latinoamérica donde a excepción de Colombia, Uruguay, Argentina y Cuba, Bolsonaro ganó. La diferencia la marcó Europa, donde los brasileños están mucho menos expuestos al poder mediático de la derecha latinoamericana y a las campañas de difamación que se organizaron contra el líder del PT.

Lula es consciente de la actual situación política y social de su país lo cual explica su postura conciliadora. Durante su discurso Lula aclaró que será el presidente de todos los brasileños y no solo de aquellos que votaron por él. Unir al país es una de sus prioridades y al mismo tiempo su reto más grande, debido a la fuerza política que ostenta la derecha y su capacidad de movilización.

En cuanto a política interna, Lula tenía una fuerte agenda ambientalista y de justicia social. Estos son dos puntos neurálgicos en la política brasileña totalmente desatendidos por la administración anterior. Sin embargo, avanzar con propuestas concretas puede ser complicado debido a la oposición del agronegocio y de las élites económicas que se reúsan a una mejor distribución de las riquezas del país.

Por otro lado, la composición del legislativo será una espada de Damocles para Lula. El impeachment contra Dilma es aún reciente. Además, la polarización, el fraccionamiento de las fuerzas políticas y la rapidez con la que cambian las alianzas en Brasil son todos elementos que debilitan la democracia y facilitan la actuación del lawfare, el cual tiene por regla perjudicar a los gobiernos progresistas.

La respuesta de la comunidad internacional

El triunfo de Lula fue un motivo de alegría no solo para Brasil donde millones celebraron en las calles sino para la región en general. Decenas de presidentes y Primeros Ministros de inmediato felicitaron a Lula, la mayoría fueron líderes regionales como el colombiano Gustavo Petro, el venezolano Nicolás Maduro, el cubano Miguel Díaz-Canel y el argentino Alberto Fernández. Con esta victoria, mecanismos de integración como el Mercado Común del Sur (Mercosur) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) reciben un gran impulso. En ambos proyectos Brasil jugaba un papel protagónico y la llegada de la derecha al poder en Latinoamérica marcó la desarticulación de ambos. Sin embargo, hoy, luego del triunfo, los obstáculos son menos y las potencialidades muchas para trabajar de conjunto por el beneficio de la región.

El presidente de Estados Unidos no perdió chance para hacer público su alivio con la victoria de Lula. La felicitación estuvo entre las primeras al igual que la del Secretario de Estado Antony Blinken. Esta reacción estuvo marcada por las profundas diferencias de Biden con Bolsonaro, quien es un fiel seguidor del expresidente Donald Trump. Esta realidad se tradujo en un distanciamiento entre ambas naciones, algo que Biden está deseoso de cambiar debido a la importancia geopolítica y diplomática de Brasil en los foros y organizaciones multilaterales.

La respuesta de Bolsonaro

Mientras el mundo entero celebraba la victoria de Lula, Bolsonaro se fue a dormir y tardó más de 24 horas en pronunciarse. En su primera declaración luego de las elecciones, Bolsonaro no reconoció los resultados ni felicitó a Lula como es tradición. Sus declaraciones estuvieron encaminadas a cuestionar la victoria, lo cual fue interpretado por sus seguidores como un llamado a mantener los bloqueos de las autopistas federales. Sin embargo, horas después, cuando el caos se había apoderado de las carretas, Bolsonaro hizo un llamado a retirar los bloqueos, pero a mantener las protestas.

Su intención es mantener en jaque a la democracia brasileña tal como hizo Trump en Estados Unidos. Una vez más, el modus operandi de la derecha sigue siendo el mismo: no reconocer los resultados de las elecciones y apostar por el desorden social y la inestabilidad para así obstaculizar las labores del nuevo gobierno.

En este contexto, la transición presidencial será compleja debido a la actitud poco cooperativa de Bolsonaro y a la perenne amenaza de golpe de Estado.

 

Foto de portada: Andre Penner.

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