América Latina, el lejano Oeste al Sur

Por Raúl Antonio Capote* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

 

En Fort Leavenworth, en el estado de Kansas, se encuentra una singular capilla protestante, el templo fue construida en 1878 y es símbolo del expansionismo yanqui.

Ahí están los cañones franceses que Thomas Jefferson trajo al lugar antes de comprarle Luisiana a Francia, allí residieron George A. Custer, Douglas MacArthur y Dwight D. Eisenhower.

Un cementerio próximo, construido por orden de Abraham Lincoln, guarda los restos de 19.000 soldados caídos desde Little Big Horn hasta Irak y Afganistán.

Fort Leavenworth fue construido en 1827 durante la presidencia de John Q. Adams, por el coronel Henry Leavenworth y fue el puesto avanzado de la colonización del oeste, el lugar de donde partió el primer grupo de colonos blancos.

Fort Leavenworth fue además el lugar de donde salieron las tropas para la guerra contra México, donde se inició la construcción del ferrocarril transcontinental y donde se han formado cientos de oficiales para las “guerras futuras”, es la escuela de guerra donde se simulan en ordenadores acciones de intervención en Europa, Asia, África y América Latina.

“Ahora que la tecnología ha borrado las distancias, Leavenworth es la avanzadilla de una nueva frontera, una frontera mundial… Honduras está más cerca de nosotros que Kansas en la época de la guerra con los indios…El Tercer Mundo se ha convertido en algo parecido al lejano Oeste” (1).

Finalizadas las guerras por la independencia de España, América Latina, balcanizada, fue presa fácil del naciente imperio, las potencias anglosajonas, aliadas con las oligarquías nacionales, aplicaron la fórmula romana de divide e impera, la existencia de una «inteligencia» domesticada y un aparato cultural colonizado abrió las puertas a los nuevos conquistadores.

Los estudiantes de América Latina deberían aprender en las aulas, primero que todo, el número de veces que Estados Unidos desembarcó marines, en Nicaragua, Santo Domingo, Cuba, Haití, Puerto Rico, Panamá, Granada, debía conocer cómo despojó a México de más de la mitad de su territorio, incluyendo Texas, California, Arizona y Nuevo México.

Dictaduras militares, represión, guerra económica, cerco, intervenciones, saqueo, miles de muertos, dolor y miseria nos debe a los latinoamericanos el pretendido “Destino Manifiesto” yanqui.

Las fronteras del imperio, una vez desaparecido el campo socialista, se extendieron a todo el mundo, el orbe se convirtió en su «tierra prometida», en territorio a dominar.

América Latina, el Oeste al sur, fue invadida por los nuevos Custer, los Walker, aventureros y azotacalles, banqueros y filibusteros, armados ahora con el poder de grandes emporios mediáticos.

Los intentos por neutralizar el capital simbólico de la izquierda, la deconstrucción sistemática de la historia, la manipulación de la verdad, la construcción mediática que presenta a los líderes de la izquierda como corruptos, delincuentes, falsarios, son acciones que forman parte de una bien meditada estrategia.

Saben que el control ideológico es fundamental para que los pueblos no se rebelen contra la explotación de las transnacionales. “No más Revolución”, es el grito de ayer y de  hoy, la consigna de combate de la derecha entreguista y para lograrlo emplean todos los recursos de la manipulación y la mentira.

 

Notas

(1) Robert D. Kaplan. Viaje al futuro de imperio. La Transformación de Norteamérica en el siglo XXI. Ediciones B.S.A. Barcelona, España, 1999. p. 22.

 

(*)  Escritor, profesor, investigador y periodista cubano. Es autor de “Juego de Iluminaciones”, “El caballero ilustrado”, “El adversario”, “Enemigo” y “La guerra que se nos hace”.

Foto de portada: EFE.

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