Hunter Biden y la guerra biológica contra Rusia

Por Hedelberto López Blanch* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Durante los cuatro años de su desgobierno, el expresidente Donald Trump dijo más de 30.000 mentiras, y la única verdad salida de su boca, fue cuando en un debate público manifestó que Hunter Biden, hijo del actual mandatario, era “un corrupto que hizo una fortuna en Ucrania”.

Pero la acusación resultó desestimada por numerosos congresistas, senadores, el Pentágono y la CIA pues nadie quería destapar que en esa nación europea se llevaban a cabo peligrosos proyectos en 30 laboratorios biológicos que eran operados por el programa militar de la Agencia de Reducción de Defensa de Amenazas de Estados Unidos (DTRA por las siglas en inglés) y en los que estaba envuelto Hunter Biden.

Trump, en una llamada a su homólogo ucraniano Volodimir Zelenski en julio de 2019, le pidió que investigara los negocios de Hunter en ese país. Esto motivó que se encendieran las alarmas del stablishment estadounidense y se filtrara la conversación que le provocó un impeachment al exmandatario.

La verdad no podría salir a la luz pues se estaba tramando utilizar a Ucrania para lanzar desde ese territorio guerras bacteriológicas contra Rusia en un nuevo intento por debilitar y destruir al gigante euroasiático.

Y esto fue comprobado fehacientemente después de la operación militar especial que Rusia lanzó contra Ucrania con el objetivo manifiesto de detener la expansión de la OTAN hacia sus fronteras; defender a las repúblicas de Donetsk y Lugansk del genocidio sufrido desde 2014 por parte de Kiev, y desmilitarizar y desnazificar al país vecino. 

El jefe de las Tropas de Defensa Radiactiva, Química y Biológica de Rusia, Ígor Kiríllov, aseveró que en el programa de «actividad militar-biológica a gran escala» participan 30 laboratorios, mientras el Ministerio de Defensa publicó un esquema que muestra el entrelazamiento de varias entidades ucranianas, georgianas y estadounidenses relacionadas con esos laboratorios.

Según los militares, el funcionamiento de esas instalaciones son financiadas y controladas por varias organizaciones estadounidenses, entre las que se encuentran el fondo de inversión Rosemont Seneca, dirigido por Hunter Biden, o el fondo de George Soros. Asimismo, afirman que la actividad es supervisada por la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).

Hay tres empresas de este tipo que operan en Ucrania: Metabiota Inc., Southern Research Institute y Black & Veatch, en cuyas directivas se hallan antiguos y actuales  oficiales militares y de inteligencia de alto rango.

Junto al Pentágono, esas empresas dirigen proyectos federales de investigación biológica para la CIA y otras agencias gubernamentales. Diversas fuentes indican que la DTRA financia unos 15 laboratorios biológicos en Ucrania, a la par que el personal civil de estas empresas privadas puede operar en nombre del Gobierno estadounidense bajo cobertura diplomática, una práctica a la que recurre habitualmente la CIA.

El portavoz del Ministerio de Defensa de Rusia, Ígor Konashénkov informó que por documentos originales encontrados durante la operación militar especial se confirmó que uno de los proyectos secretos de Estados Unidos y la OTAN consistía en investigar la transmisión de enfermedades de animales a los humanos.

Konashénkov puntualizó que durante años y bajo el control de expertos estadounidenses se llevó a cabo un estudio sobre la transmisión de enfermedades mediante murciélagos a los humanos en un laboratorio de la ciudad de Járkov.

«En el Instituto de Medicina Veterinaria de Járkov se estudiaba a las aves silvestres como vectores portadores de la gripe aviar altamente patógena, así como se evaluaban las condiciones en las que los procesos de transmisión pueden volverse inmanejables, causar daños económicos y plantear riesgos para la seguridad alimentaria”, agregó el funcionario militar.

La subsecretaria de Estado estadounidense, Victoria Nuland, reconoció el 8 de marzo, que en Ucrania hay laboratorios biológicos, pero refutó que Kiev haya desarrollado armas biológicas, mientras la directora de Inteligencia Nacional, Avril Haines, declaró que poco más de 12 laboratorios biológicos funcionaban en Ucrania para asegurar «la biodefensa del país y su respuesta de salud pública». Como es lógico sus excusas adolecían de toda credibilidad.

Pero volvamos a Hunter Biden, abogado de 52 años, formado en la exclusiva universidad de Yale, cuya vida, según relató en sus memorias publicadas en 2021, se despeñó por los barrancos del alcoholismo y la drogadicción tras la muerte en 2015 de su hermano mayor, Joseph “Beau”.

Ha sido acusado por evasión de impuestos, realizar negocios fraudulentos, lavado de dinero y ejercer lobby en Washington para una firma extranjera de un modo ilícito. Pero como es hijo de Papá no ha sido procesado.

Joe Biden ha sido un inseparable de Hunter a quien le ha justificado todos sus delitos. Recordemos que el presidente perdió primero a su exesposa Neilia y su hija menor Naomi en un accidente automovilístico en 1972 y posteriormente a su hijo mayor Joseph “Beau”, de un tumor cerebral. Esos hechos, junto a su inestabilidad mental, golpearon fuertemente a Hunter.

En entrevista con The New Yorker, el abogado y empresario habló abiertamente de la lucha contra su adicción a las drogas y el alcohol, una batalla que libra desde décadas.

Ha entrado y salido de varios centros de rehabilitación, ha recurrido al yoga y a la meditación, ha tomado medicinas para disminuir la ansiedad por la abstinencia y fármacos que causan náuseas cada vez que se consume alcohol.

Estuvo internado en una clínica de Tijuana que ofrecía un tratamiento con ibogaína, una sustancia natural psicoactiva prohibida en Estados Unidos y hasta participó en un programa que le obligaba a llevar consigo un alcoholímetro con cámara incorporada. Sus recaídas han sido constantes.

En conferencia de prensa el 31 de marzo, Ígor Kiríllov, reiteró que Hunter «tuvo un papel fundamental en la creación de la oportunidad financiera para trabajar con patógenos en Ucrania».

Seguidamente presentó la correspondencia del empresario con funcionarios del Pentágono, a la que tuvo acceso el Ministerio de Defensa de Rusia donde se destaca que Hunter Biden se encargó de recaudar los fondos para las compañías Black & Veach y Metabiota. 

La Black & Veach «trabaja para el Pentágono desde 2008 en proyectos de estudio de bioagentes potencialmente peligrosos». El alto funcionario, explicó que esa compañía «investiga agentes patógenos especialmente peligrosos, que puedan utilizarse para crear o mejorar nuevos tipos de armas biológicas». 

Kiríllov comunicó que la operación militar rusa ha permitido desmantelar cinco laboratorios biológicos en Ucrania, instalaciones de investigación, donde se trabajaba con patógenos del ántrax, tularemia, brucelosis, cólera, leptospirosis y peste porcina africana, proyectos encargados directamente por el Pentágono.

Dada las estrechas relaciones de Hunter con su padre, muchos analistas consideran que el Presidente Joe Biden conocía desde hacía tiempo las peligrosas acciones biológicas (para Rusia y el mundo) en las que estaba envuelto su adorado hijo. 

(*)  Periodista cubano. Escribe para el diario Juventud Rebelde y el semanario Opciones. Es el autor de «La Emigración cubana en Estados Unidos”, «Historias Secretas de Médicos Cubanos en África» y «Miami, dinero sucio», entre otros.

Foto de portada: Vanguardia MX.

 

 

 

 

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