El imperio contra ataca (IV y final)

Por José Luis Méndez Méndez* / Colaboración Especial para Resumen Latinoamericano.

Rencoroso y jadeante para denostar al gobierno argentino de Alberto Fernández y lo que él representa para la integración latinoamericana; cuando todavía son frescas las críticas que se atrevió a pronunciar en la Cumbre de los ausentes al gobierno estadounidense por lo excluyente de la convocatoria cita y ejerciendo el mandato de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, CELAC.

El actual representante de los intereses estadounidenses ante el BID, además del delegado de ese país, que integra el banco, ha sido irrespetuoso, arrogante y altanero con el mandatario argentino, al tratarlo como un latinoamericano de segunda clase. Se extralimitó cuando expresó amparado en su cargo y declarada “rudeza”: “Queremos saber si Alberto Fernández va a ser abogado de las democracias de la región o apologista de las dictaduras y caudillos de la región”. En última instancia no es de su incumbencia el proceder del legítimo presidente de los argentinos, que lo eligieron.

El mezquino Claver-Carone, apoyó el golpe en Bolivia, después lo reconoció, una vez que regresó la democracia, ganada a sangre, sudor, lágrimas y sacrificio del pueblo boliviano, aparentó reconocimiento y para colmo fustigó al gobierno argentino por dar asilo solidario al derrocado presidente Evo Morales, al respecto dijo a la manera bravucona de Donald Trump: “la permanencia de Evo Morales en el país “fomentando la inestabilidad y la violencia en Bolivia” sería algo que mi gobierno vería “como un grave problema”.

Se ha demostrado, que la certificación dada por el lacayo Luis Almagro administrador de la impresentable OEA y agente pagado de la CIA, desde sus merodeos por China, sobre las elecciones ganadas por el Movimiento al Socialismo y el golpe de Estado que se ejecutó en Bolivia para impedir su asunción al poder, fue falaz y provocó la muerte de cientos de bolivianos e incluso de otros latinoamericanos en las provocaciones que se incitaron antes, durante y con mayor intensidad después de consumado el fascismo y con la intención de consolidar el golpe.

La postura del gobierno estadounidense con respecto a la calificada por sus autoridades como “convulsión social”, fue incitada  por el informe de la tenebrosa OEA que sin pruebas calificó como viciado por “manipulaciones dolosas”, y que fue respaldado de inmediato por Michael G. Kozak, subsecretario para los Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado norteamericano, con la deliberada intención de consolidar el zarpazo castrense.

La Embajada de Estados Unidos, urdió el golpe, lo siguió en las calles bolivianas como se vieron a sus funcionarios reportando en vivo y en directo el curso de los acontecimientos y en una acción mediática, instaló el discurso difamador preparado de antemano: “Evo renunció porque sabía que el pueblo boliviano no aceptaría una elección fraudulenta, con serias irregularidades como ‘alteraciones en las actas y falsificación de firmas’ por parte de sus funcionarios electorales. Su versión puede cambiar, pero los hechos, no. No al fraude”, publicó Kozak en su cuenta de Twitter en cuando se conoció que Evo Morales había ingresado a la Argentina en calidad de refugiado político, acción dirigida a mediar en la repulsa popular a los golpistas.

Este sujeto, regente ahora del BID, va criticando a diestra y siniestra, se arroga el derecho a medir palabras, declaraciones, actitudes, declaraciones, todas soberanas del líder argentino, no entiende que la soberanía de Argentina, no se certifica en la Casa Blanca. Así, el entonces asesor para América Latina del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos y hombre de confianza de Donald Trump, reprochó en su momento al Presidente argentino Alberto Fernández por dos hechos de trascendencia regional, según su rasero,  que tuvieron lugar: la invitación a su toma de posesión a Jorge Rodríguez, ministro de Información del gabinete del presidente venezolano Nicolás Maduro, sancionado por el TIAR y por el Departamento del Tesoro estadounidense; y la decisión de albergar al ex presidente boliviano en el país y otorgarle el estatus de refugiado político. Ambas disposiciones que solo les corresponde a los argentinos decidir.

Después de inmiscuirse en los asuntos internos de Argentina, vino la amenaza, no tan velada: “La administración de Donald Trump tiene la intención de “tener una relación productiva” con el nuevo presidente argentino, pero se juzgará a Argentina por sus hechos”.

En medio de su dura disputa con el Gobierno argentino, el BID aprobó un crédito por USD 200 millones. Es parte de una línea total de US$1140 millones para proyectos de inversión energéticos aprobada tras las críticas del pro cónsul estadounidense Claver-Carone al país, mientras el Gobierno le exige que desembolse otros USD 500 millones para las reservas.

Demagogo también y retórico expresó: “Latinoamérica puede ser el «mar de paz» que las inversiones necesitan en medio de las turbulencias mundiales, tanto para solucionar problemas de abastecimiento como para reubicar negocios desde otras latitudes.  Cómo se puede ser tan falaz, cuando Estados Unidos,  incitó al conflicto armado colombo-venezolano durante el desgobierno del funesto Ivan Duque, que instaló nuevas bases militares y aupó a Colombia para sumarse a la OTAN en un continente declarado zona de paz desde 2014.

De inmediato, para subrayar buenos modales, indicó: “El Grupo BID continúa comprometido con apoyar la agenda de desarrollo de Argentina con proyectos que tienen impacto directo en el desarrollo”, tras mostrarse inquisidor para Argentina, al declarar con total soberbia: “No habrá más dinero para el país”.

El apoderado norteamericano del BID, tiene y ha desarrollado una cruzada contra Argentina y sus gobernantes actuales, ha cambiado sus relaciones carnales con la pasada administración neoliberal, por un sostenido ataque, ha intentado limitar la autoridad de Guillermo Francos, representante argentino ante el BID, para considerarlo su asalariado. Lo regañó cuando este se quejó en el board de dirección de las declaraciones de Claver-Carone al argumentar que “se trata de un funcionario que debe responder a un directorio y no debe hacer declaraciones personales sobre un país miembro”.

Sin embargo Francos, logró el apoyo del resto de los países latinoamericanos que forman parte del BID para reclamar por este crédito retrasado por 500 millones. Se trata de los países agrupados en el Grulac: Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Belice, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Granada, Guatemala, Guyana. Haití. Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Perú, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y las Granadinas, Santa Lucía, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela.

Ante el board, Claver-Carone habría criticado al FMI y al Banco Mundial por ser demasiado “blandos” con la Argentina al no imponerle casi condiciones en sus créditos y afirmó, que él no seguiría la misma conducta para preservar el patrimonio del BID. “Los criticó a ambos; está en guerra con todos”, señaló la fuente desde Washington, que señaló que el BID nunca tomó una postura más agresiva que el FMI o la entidad que ahora preside David Malpass, ya que suele acompañarlos, sobre todo si un país tiene un programa especial, como ocurre con la Argentina.

Esta es la realidad de la relación que el representante norteamericano ante el BID, quiere imponer a Argentina, habrá que seguir los intentos de doblegar en términos políticos a ese país, a cambio de liberar los fondos aprobados. Concita la atención el cambio en el otorgamiento del reclamo argentino por el préstamo asignado, al producirse el nombramiento de un nuevo ministro de Economía, donde matices políticos podrían estar presentes, lo cual sugiere, que el BID actual con su halcón estadounidense como figura principal, será un instrumento de presión parcializado, para someter a peticionarios, que se aparten de la línea de Washington.

(*) Escritor y profesor universitario. Es el autor, entre otros, del libro “Bajo las alas del Cóndor”, «La Operación Cóndor contra Cuba» y «Demócratas en la Casa Blanca y el terrorismo contra Cuba». Es colaborador de Cubadebate y Resumen Latinoamericano.

Foto de portada: Revista Mercado.

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